En una extensa entrevista con María O’Donnell, el periodista Marcelo Longobardi realizó un análisis profundo sobre la actualidad política argentina e internacional, el funcionamiento de los medios de comunicación y el impacto de los liderazgos radicalizados en la democracia. A lo largo de la conversación, defendió su independencia profesional, explicó su decisión de trabajar de manera autónoma en YouTube y expresó fuertes advertencias sobre el rumbo político global.
Longobardi destacó el éxito de su canal digital, desde donde emite un programa diario de dos horas y media. Según explicó, el proyecto alcanzó “casi 30 millones de vistas el año pasado” y más de cuatro millones solo en enero, con una audiencia compuesta en un 70% por público argentino y un 30% del exterior . En ese espacio, remarcó, aborda la actualidad sin condicionamientos: “Hablo de lo que me parece relevante. No voy a cambiar ni el tono ni la agenda”.
Críticas al periodismo militante y a la crisis de los medios
Uno de los ejes centrales de la entrevista fue la crítica al periodismo alineado políticamente. Longobardi sostuvo que le “irrita mucho la prostitución de la profesión en términos de militancia política” y consideró que la calidad de la radio y de muchos medios tradicionales “ha declinado de manera dramática”. En ese sentido, afirmó que la compra de medios por empresarios ajenos al periodismo, tanto en Argentina como en el exterior, responde a intereses políticos y ha dañado seriamente la independencia editorial.
Al referirse a su experiencia personal, recordó haber sido víctima de persecución durante el kirchnerismo y aseguró que fue desplazado de una radio como parte de un acuerdo con el poder político. “La pasamos muy mal”, afirmó, al comparar ese proceso con dinámicas que, a su juicio, comienzan a repetirse.
Trump, Milei y la radicalización como método
En el plano internacional, Longobardi fue especialmente duro con Donald Trump, a quien calificó como “totalmente loco” y “muy peligroso”, señalando que su cuestionamiento del sistema electoral pone en riesgo uno de los pilares básicos de la democracia: la aceptación de la derrota. Para el periodista, el fenómeno Trump expresa un conflicto más profundo: “Lo que estamos viendo en el mundo es un conflicto muy dramático entre la democracia y el capitalismo”.
Al analizar la figura de Javier Milei, estableció un paralelismo directo con el expresidente estadounidense. Según Longobardi, la radicalización no es una ideología sino un método que “nunca frena, solo puede cambiar su velocidad”. En ese marco, sostuvo que Milei es “un hijo de su tiempo” y que su liderazgo se inscribe en un clima global marcado por la ira social y la desvalorización de la democracia.
También criticó duramente la creación de organismos oficiales para “patrullar” el discurso público. Citando una frase del propio presidente, advirtió que cuando se afirma que “los que lloran están sucios”, se está estableciendo que quien critica al poder es una persona “corrompida”, una lógica que definió como “kirchnerismo puro”.
Economía, modelo productivo y exclusión social
En materia económica, Longobardi reconoció tener una visión más liberal que el promedio, pero expresó fuertes reparos al rumbo actual. Señaló que el esquema cambiario y financiero recuerda a viejas experiencias de “patria financiera” y advirtió que ese tipo de modelos “siempre se terminan”. Además, describió el proyecto económico de Milei como “anacrónico”, basado en el extractivismo y en una “utopía retrospectiva” que intenta regresar a un país de principios del siglo XX.
Comparó el modelo del kirchnerismo —al que acusó de transferir recursos del interior al conurbano por razones electorales— con el actual, que, según dijo, beneficia al interior productivo pero “desconecta al conurbano de la vida económica”. En ese contexto, afirmó que la pobreza no ha disminuido y que “la clase media se acabó”, alertando sobre un creciente número de personas que quedan fuera del sistema.
Advertencia final
Hacia el cierre, Longobardi sostuvo que, aunque muchos de estos debates parecen lejanos para la vida cotidiana, son los que “van construyendo un formato de país”. Y concluyó con una advertencia clara: cuando los liderazgos radicalizados empiezan a cuestionar las reglas básicas de la democracia, el sistema entero entra en una zona de riesgo, independientemente de los resultados económicos coyunturales.
