La tasa de natalidad atraviesa una caída histórica en gran parte del planeta y ya no se trata únicamente de un fenómeno de los países desarrollados. Según un reciente informe publicado por el diario estadounidense The Wall Street Journal, Estados Unidos alcanzó en 2026 uno de los niveles de fertilidad más bajos de su historia, profundizando una tendencia que se repite en decenas de naciones de todos los continentes.
La llamada «tasa de fertilidad» mide la cantidad promedio de hijos que tendría una mujer a lo largo de su vida. Para que una población mantenga su tamaño sin depender de la inmigración, esa tasa debe ubicarse alrededor de 2,1 hijos por mujer. Sin embargo, en gran parte del mundo ya se encuentra por debajo de ese umbral.
Estados Unidos: mínimos históricos
De acuerdo con el análisis publicado por The Wall Street Journal, la tasa de fertilidad estadounidense cayó a aproximadamente 1,57 hijos por mujer, uno de los registros más bajos jamás observados en ese país. Los especialistas sostienen que detrás de esta realidad aparecen múltiples factores: el retraso de la maternidad y paternidad, el aumento de los costos de vida, mayores niveles educativos, cambios culturales y la búsqueda de estabilidad económica antes de formar una familia.
Los investigadores advierten que las estadísticas anuales no necesariamente reflejan cuántos hijos tendrá finalmente una generación completa, ya que muchas personas están postergando la llegada de los hijos para edades más avanzadas. No obstante, existe preocupación porque parte de esos nacimientos diferidos nunca llegan a concretarse.
Un fenómeno global
Lo que ocurre en Estados Unidos es apenas una muestra de una tendencia mundial. Desde 1950 la tasa global de fertilidad se redujo más de la mitad, pasando de cerca de 5 hijos por mujer a poco más de 2,2 en la actualidad.
Las estadísticas de las Naciones Unidas muestran que:
- Europa y América del Norte presentan niveles de fertilidad inferiores al reemplazo generacional.
- América Latina también ingresó en esa situación durante la última década.
- Asia cayó por debajo del nivel de reemplazo en 2019.
- África sigue siendo la región con mayor cantidad de nacimientos, con un promedio cercano a 4 hijos por mujer.
Actualmente, más de dos tercios de los países del mundo registran tasas inferiores a 2,1 hijos por mujer.
Los casos más extremos
Entre los países con menor natalidad aparecen varias economías desarrolladas de Asia Oriental.
Las estimaciones para 2025 ubican a:
- Corea del Sur con apenas 0,75 hijos por mujer.
- Hong Kong con 0,74.
- Macao con 0,69.
- China cerca de 1 hijo por mujer.
En el extremo opuesto se encuentran países africanos como Chad y Somalia, donde las tasas superan los 5,9 hijos por mujer.
Argentina tampoco escapa a la tendencia
Aunque históricamente fue uno de los países con mayor crecimiento poblacional de América Latina, Argentina también experimenta una fuerte reducción de nacimientos. Las estimaciones internacionales ubican actualmente la tasa de fertilidad argentina en torno a 1,5 hijos por mujer, claramente por debajo del nivel de reemplazo.
Esta situación ya se refleja en las estadísticas nacionales, que muestran una disminución sostenida de los nacimientos durante los últimos años y un progresivo envejecimiento de la población.
¿Por qué las personas tienen menos hijos?
Los expertos coinciden en que no existe una única explicación. Entre las principales causas aparecen:
- Mayor participación femenina en la educación superior y el mercado laboral.
- Postergación del matrimonio y la maternidad.
- Elevados costos de vivienda y crianza.
- Inestabilidad laboral y económica.
- Dificultades para acceder a tratamientos de fertilidad.
- Cambios culturales sobre el proyecto familiar.
Un informe internacional citado por la ONU reveló además que casi el 20% de los adultos en distintos países considera que no puede tener la cantidad de hijos que desearía debido a obstáculos económicos y sociales.
El desafío del futuro
La caída de la natalidad plantea interrogantes sobre el sostenimiento de los sistemas previsionales, la disponibilidad futura de trabajadores y el financiamiento de los servicios públicos en sociedades cada vez más envejecidas.
Sin embargo, algunos especialistas sostienen que el fenómeno no debe interpretarse únicamente como una crisis. También refleja avances en educación, salud reproductiva y autonomía de las mujeres. El verdadero desafío, afirman, será adaptar las economías y los sistemas sociales a una realidad demográfica completamente distinta de la que predominó durante el siglo XX.
Las proyecciones indican que la fertilidad mundial continuará descendiendo durante las próximas décadas y que hacia mediados de siglo el crecimiento poblacional global comenzará a desacelerarse de manera significativa, marcando uno de los cambios demográficos más profundos de la historia moderna.

