La realidad económica en la Argentina del 2026, y particularmente en La Rioja, se ha transformado en una carrera de obstáculos donde el horizonte parece alejarse con cada paso.
Lo que antes era consumo hoy es supervivencia; lo que era ahorro hoy es una «ingeniería financiera» desesperada para no caer en el abismo del Veraz.
Desde la asunción de Javier Milei, el tejido social ha sufrido una metamorfosis regresiva. El dato es elocuente: según informes de la consultora CAME, las ventas minoristas pyme registraron caídas interanuales sostenidas, con un descenso del 4,1% en noviembre de 2025, marcando una tendencia donde el consumo de bienes no esenciales ha desaparecido de la mesa de las familias riojanas.
La trampa de los plásticos y el pago mínimo
Uno de los fenómenos más alarmantes es el sobreendeudamiento.
Datos del Banco Central (BCRA) y análisis de consultoras privadas indican que la mora en el pago de tarjetas de crédito se duplicó en el último año. Hoy, el ciudadano promedio no usa la tarjeta para «darse un gusto», sino para pagar la boleta de luz o el supermercado.
«La gente está atrapada en un espiral: toma deuda en una tarjeta para cancelar el resumen de otra, o recurre al peligroso pago mínimo, que con tasas de interés compensatorio y punitorio astronómicas, convierte una deuda pequeña en una carga impagable a futuro».
Este fenómeno, bautizado por algunos economistas como la «licuación del hogar», se refleja en un aumento del 55% en términos reales de la deuda con plásticos respecto a inicios de 2024.

Del salario formal a la «economía de la empanada«. Aunque el INDEC reportó una tasa de desocupación del 6,6% para el tercer trimestre de 2025, la cifra es engañosa.
Analistas académicos advierten que este número se sostiene por un desplazamiento masivo hacia la informalidad y el cuentapropismo de subsistencia.
En las calles de La Rioja, el cierre de comercios y pequeñas fábricas ha empujado a miles de trabajadores a elaborar comidas —empanadas, pan casero, dulces— para vender entre conocidos. Es la economía del «rebusque» reemplazando al empleo con aportes y obra social.

La canasta básica y los servicios han escalado a precios internacionales, destruyendo el poder de compra real. En 2003, el salario mínimo cubría una proporción mayor de las necesidades básicas que el actual, que se ve devorado por una inflación en dólares que no da tregua.

La Rioja: Entre el abandono nacional y el reclamo judicial
Para nuestra provincia, el escenario es doblemente crítico. La decisión del Gobierno Nacional de cortar el envío de fondos extra-coparticipables ha paralizado la obra pública desde diciembre de 2023. El gobernador Ricardo Quintela ha llevado este reclamo a la Corte Suprema, solicitando una conciliación por deudas que superan los miles de millones de pesos.
Esta parálisis no es solo una cuestión de cemento; es una tragedia laboral. El sector de la construcción, históricamente motor del empleo riojano, se encuentra estancado, dejando a miles de familias sin el sustento diario. Sin recursos federales y con una coparticipación «pisada», la provincia lucha por mantener los servicios básicos mientras la Casa Rosada predica un superávit fiscal que, en el interior, se siente como un frío abandono.
¿Hasta cuándo podrá sostenerse este modelo basado en la deuda hogareña y el ajuste provincial?
La Rioja espera que la justicia federal ponga un límite a la asfixia financiera, antes de que el «rebusque» deje de ser suficiente para llenar la olla.

El Empobrecimiento Cotidiano y la Trampa de la Deuda
En los últimos dos años, la economía argentina ha sufrido un retroceso profundo en el bolsillo de las familias. El Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) —el ingreso que debería garantizar una canasta básica de bienes y servicios— ha perdido sustancialmente su poder adquisitivo real. Según informes recientes de la Universidad de Buenos Aires, el salario mínimo en términos reales está hoy en su nivel más bajo desde 2001, previo al colapso de la convertibilidad, acumulando una caída de más del 30% desde noviembre de 2023 y distanciándose fuertemente de su pico histórico de 2011, con una pérdida de más del 60% de compra real respecto a ese momento.
Cuando se mide en dólares, esta caída se hace aún más palpable. Un estudio local muestra que el SMVM que en noviembre de 2023 equivalía a aproximadamente US$390 cayó a cerca de US$226 en septiembre de 2025. Esto evidencia que, aunque haya aumentos nominales en pesos, estos no logran compensar ni la inflación interna ni la depreciación del peso frente al dólar.
Este deterioro se traduce en una pérdida directa en la capacidad de compra de los trabajadores y jubilados, alimentando una profunda retracción del consumo. Los datos de CAME, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, muestran que las ventas minoristas de comercios PyME han caído interanualmente y en varios rubros, con contracciones de hasta -4,1% en noviembre de 2025 a precios constantes. Estas cifras, que se replican en distintos puntos del país, confirman que los hogares argentinos compran menos, priorizan bienes esenciales y cada vez dependen más de financiaciones y planes en cuotas para sostener un nivel de consumo que alguna vez parecía básico.
Una manifestación cotidiana de esta situación es la expansión del uso de tarjetas de crédito como principal medio de pago, y no solo para gastos planificados, sino para cubrir necesidades corrientes. La deuda promedio de consumo crece rápidamente, y muchas familias terminan utilizando una tarjeta para pagar otra, o financiando sólo el pago mínimo de sus tarjetas, lo que convierte a la deuda en un círculo casi sin salida que se agrava mes a mes.
Este cuadro se profundiza en provincias como La Rioja, donde la combinación de pérdida de ingreso real, inflación y recesión ha limitado aún más las posibilidades del empleo formal. Aunque los datos económicos detallados por provincia todavía tardan en reflejarse completamente en las estadísticas nacionales, la percepción local coincide con la tendencia general: menor consumo, menor actividad comercial y mayor informalidad. En contextos urbanos y rurales de La Rioja, se observa cómo muchas familias buscan alternativas a la falta de empleo estable, emprendiendo actividades de elaboración y venta de comidas caseras, como empanadas, dulces y productos tradicionales, para completar ingresos. Esto representa tanto la creatividad popular como la fragilidad de mercados laborales formales.
A este panorama se suma la retracción de fondos del Estado nacional hacia las provincias. La Rioja, al igual que otras jurisdicciones, reclama envíos de fondos coparticipables que fueron cortados o retrasados, lo que ha paralizado programas de obra pública que podrían generar empleo en sectores como la construcción. El gobernador de la provincia ha impulsado reclamos judiciales para obtener estos recursos, señalando que con esos fondos se podría reactivar obras que quedaron detenidas desde finales de 2023, generando trabajo y dinamizando economías locales.
En el tránsito entre 2023 y 2025, el deterioro de los ingresos y el debilitamiento del mercado interno muestran una Argentina donde la inflación continúa a tasas elevadas, la actividad comercial está deprimida y el consumo —motor tradicional de nuestra economía— sigue sin recuperarse de manera sostenida. El resultado es un empobrecimiento que no solo se mide en estadísticas: se siente en los bolsillos, en las conversaciones cotidianas y en las estrategias familiares para llegar a fin de mes.
Mientras tanto, el debate sobre políticas públicas capaces de frenar la caída del poder adquisitivo, promover empleo formal y reactivar la producción sigue siendo urgente. El desafío para Argentina —y para todas sus provincias, incluida La Rioja— es diseñar un rumbo que no solo estabilice números macroeconómicos, sino que recupere dignidad económica para cada hogar, cada trabajador y cada pequeño comerciante.
El impacto del derrumbe del salario en La Rioja
Si bien los gráficos de Salario Mínimo vs. Canasta Básica reflejan una realidad nacional, en La Rioja el impacto es aún más profundo por tres razones estructurales: salarios promedio más bajos, alta dependencia del empleo público y una fuerte retracción de la inversión nacional desde diciembre de 2023.
Salarios más bajos que el promedio nacional
Según datos del INDEC y estudios académicos sobre ingresos regionales, el salario promedio en el NOA —y particularmente en La Rioja— se ubica entre un 20% y un 30% por debajo del promedio nacional. Esto implica que, aunque el salario mínimo sea el mismo nominalmente, en la práctica:
- Una mayor proporción de trabajadores riojanos cobra cerca del SMVM.
- El gráfico SMVM vs. CBT es más desfavorable en la provincia que en distritos con salarios medios más altos.
En términos concretos:
Si a nivel nacional el salario mínimo cubre hoy apenas un 30% de la canasta básica, en La Rioja esa cobertura efectiva puede caer por debajo del 25%, especialmente en hogares con empleo informal o cuentapropista.
Canasta básica y costos en el interior
Aunque suele afirmarse que “el interior es más barato”, informes del INDEC muestran que la canasta básica alimentaria y total no es significativamente menor en provincias alejadas, debido a:
- Costos logísticos.
- Menor competencia comercial.
- Dependencia del transporte de larga distancia.
En La Rioja, alimentos básicos, combustibles y servicios tienen precios similares —o incluso superiores— a grandes centros urbanos, mientras los ingresos son menores. El resultado es una presión mayor sobre el consumo básico y una aceleración del endeudamiento familiar.
Endeudamiento y consumo de supervivencia
El deterioro del poder adquisitivo se expresa con claridad en la provincia:
- Uso creciente de tarjetas para gastos corrientes (alimentos, servicios).
- Pago del mínimo como práctica habitual, generando deuda estructural.
- Familias que usan una tarjeta para pagar otra, quedando atrapadas en intereses.
Paralelamente, el consumo se ha reconfigurado: ya no es consumo para vivir mejor, sino consumo para sobrevivir. Esto explica el crecimiento de actividades informales como la elaboración y venta de:
- Empanadas
- Panificados
- Dulces y comidas caseras
No se trata de emprendedurismo planificado, sino de economía de emergencia ante la falta de ingresos suficientes.
Obra pública paralizada y fondos nacionales
En La Rioja, la crisis se profundiza por la paralización casi total de la obra pública desde diciembre de 2023. La construcción es históricamente uno de los principales generadores de empleo directo e indirecto en la provincia.
El reclamo del gobernador Ricardo Quintela por los fondos que Nación dejó de enviar —actualmente judicializado— no es solo una disputa política:
- Es la diferencia entre tener o no tener trabajo para miles de familias.
- Es la posibilidad de activar comercios, corralones, transporte y servicios.
- Es una herramienta clave para amortiguar la caída del salario real.
Sin esos recursos, La Rioja queda expuesta a un ajuste que impacta más fuerte que en otras provincias, porque no tiene grandes polos industriales ni mercados privados capaces de absorber la recesión.
Los gráficos nacionales muestran una Argentina donde el salario ya no alcanza para vivir. En La Rioja, esa realidad se vive con mayor crudeza:
menos ingresos, menos obra pública, menos consumo y más endeudamiento.
La brecha entre salario y canasta básica no es solo un dato estadístico: es la explicación de por qué hoy la provincia ve cerrar comercios, crecer la informalidad y multiplicarse las estrategias familiares para sobrevivir.