Las encuestas empiezan a marcar escenarios y, con ellas, se reordena la puja por las candidaturas tanto provinciales como nacionales. El eje vuelve a girar en torno a la figura del gobernador Ricardo Quintela, cuya proyección nacional reaviva tensiones internas y especulaciones estratégicas dentro del peronismo local.
El oficialismo enfrenta un dilema donde aparece la figura de Quintela como garante electoral en la provincia o, por otro lado, abrir el juego a otros dirigentes con aspiraciones. En ese contexto, la discusión no es solo política sino matemática: quién mide mejor (apostando a que se confíe en las encuestas), quién retiene votos propios y quién evita fugas hacia la oposición. La lógica es clara: si las encuestas muestran que ningún candidato asegura el triunfo, el nombre del gobernador vuelve a ocupar el centro de la escena. Aquí toma relevancia las declaraciones del dirigente Fabián De La Fuente quien planteó que el candidato a la gobernación es Ricardo Quintela. Esto fue reafirmado días más tarde por el diputado provincial por el departamento Felipe varela, Yamil Sarruf, quien sostiene que Quintela está en condiciones de ser candidato ya que la nueva constitución así lo sostiene.
Hoy los números, marcan a Quintela como la opción que podría ser la única capaz de sostener el caudal electoral del oficialismo, tanto en elecciones provinciales como en una eventual disputa nacional. Por ello vuelve a instalarse la posibilidad de que el gobernador encabece listas o juegue un rol protagónico en la estrategia electoral.
Ahora bien, si Quintela proyecta su figura al plano nacional, a nivel provincial se activa la carrera por la gobernación. En ese tablero aparecen nombres que ya empiezan a medirse: dirigentes del oficialismo que buscan posicionarse y construir volumen político propio. La disputa deja de ser ideológica y pasa a ser territorial. Intendentes, legisladores y funcionarios intentan consolidar bases locales para aparecer competitivos cuando llegue el momento de la definición.
Las encuestas (considerando que son fidedignas), en ese sentido, funcionan como moneda política. No solo miden intención de voto, también ordenan jerarquías. Un dirigente que mide y que repunta en las mediciones, se transforma en posible; uno que cae, queda relegado. La política provincial, históricamente dominada por acuerdos internos, empieza a girar cada vez más alrededor de números y proyecciones.
En paralelo, la discusión se traslada al plano nacional. La eventual candidatura de Quintela fuera de la provincia no es solo una ambición personal: responde a la necesidad del peronismo de reconstruir liderazgo federal. Desde La Rioja, el gobernador viene instalado como una voz opositora frente al gobierno nacional, algo que hizo desde la campaña al 2023, lo que también fortalece su visibilidad y alimenta su instalación en encuestas de mayor alcance.
Así, la política riojana entra en una etapa de transición. Las decisiones locales están atadas a la proyección nacional, y las candidaturas se definen mirando tanto el mapa provincial como el tablero argentino.
La pregunta que sobrevuela el escenario es simple: ¿las encuestas ordenarán la política o la política intentará ordenar las encuestas? La respuesta, como casi siempre en La Rioja, dependerá de una sola variable: quién garantice ganar. Y hoy, esa discusión vuelve a girar alrededor del mismo nombre.
