COMO SE ALIMENTÓ EL EJERCITO DE LOS ANDES.
por Matias Longoni / Pablo Camogli
Al parecer, cada soldado llevó encima 3,5 kilos de charquican que debía distribuir en raciones diarias durante 8 días.
El historiador Pablo Camogli aborda específicamente el problema de la logística del cruce. Para la alimentación de los hombres, dice, “el ejército transportó 3.500 arrobas de charqui (40.250 kilos)”, carne que, al estar deshidratada, se conserva y pesa mucho menos. Él estima que se debieron requerir 143 mulas para ese transporte, restando lo que cada hombre llevaba en su mochila.
El ejército de San Martín también habría llevado 600 vacas para disponer de carne fresca, a razón de una vaca cada cien hombres.
Agrega que la ración diaria incluía 400 gramos de galleta por persona, durante 15 días: 300 mulas más.
San Martín había mandado acopiar las cebollas de todo Mendoza a fin de diciembre de 1816, pues servía “como medio de combatir la puna”, o apunamiento.
Como no disponía de cantimploras, había ordenado, en noviembre de 1816, que “todas las carnicerías de la ciudad y suburbios lleven, a la Maestranza, todas las astas de las reses que matan”, para construir chifles (especie de cantimploras) para transportar el agua.
El ejército también llevó aguardiente y vino, presumiblemente en toneles. En condiciones tan precarias en un medio tan hostil, con horas sin sombra, vientos fortísimos y una variación térmica enorme que por la noche es varios grados bajos cero, poco alimento, malestares y vértigo, accidentes y bajas, y todo para ir a un combate difícil de prever, es probable que el vino fuera una ayuda indispensable. El aguardiente permitiría paliar el frío y quizá también soportar mejor las heridas.
Para abrigar mejor a los soldados, San Martín había mandado también buscar todos los restos de lana de Cuyo, para que metieran entre la ropa y acrecentaran el aislamiento térmico.
También los animales precisaban alimento, en esa travesía por lugares donde definitivamente no hay pasturas. Según Camogli, solo en el paso de Los Patos, por donde habrían ido cerca de 7.000 mulas, “se requirieron 341.250 kilos para alimentarlas durante todo el recorrido”, a razón de 48,75 kilos de forraje para cada una durante la travesía. Así, habrían sido necesarias 2.650 mulas para ese acarreo.
San Martín también había mandado a levantar 4.000 o 5.000 pieles de cordero para la montura de las mulas. Es que el aparejo pampeano, relleno y cubierto con paja, en situación de hambre hacía correr el riesgo de que la mula se lo comiera, por lo que se recurrió al chileno, que “recubría con cueros de carnero la albarda, la enjalma y toda la estructura que se cargaba sobre las mulas”, dice Camogli.
San Martín había mandado fabricar 1.200 bolsas de lona, para que cada soldado llevara granos “para dar dos o tres piensos a sus caballos, ya sea en alguna marcha forzada o en algún otro servicio de los que continuamente son destinados”.
Imagen: Alphonse Durand. El paso de los Andes, 1817. Óleo sobre tela, 154 x 230 cm.
Colección particular, Buenos Aires

