El presidente Javier Milei volvió a poner en agenda una ambiciosa reforma electoral y salió a buscar apoyos políticos con una estrategia que, lejos de ordenar el escenario, profundiza las tensiones dentro de la oposición.
Según el proyecto impulsado por la Casa Rosada, uno de los ejes centrales es la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), una iniciativa que el oficialismo considera clave para reducir costos y evitar que el Estado financie internas partidarias. A esto se suma una modificación en el sistema de financiamiento político y la incorporación del mecanismo conocido como “Ficha Limpia”, que impediría competir a dirigentes con condenas por corrupción.
La jugada política del Gobierno no es nueva, pero sí más agresiva que en intentos anteriores. Tras dos fracasos legislativos previos —uno en el marco de la Ley Bases y otro durante las sesiones extraordinarias de 2025—, el oficialismo busca ahora ampliar su base de apoyo incluyendo demandas históricas de sectores aliados, especialmente del PRO y parte de la UCR, como la propia Ficha Limpia.
El objetivo de fondo aparece con claridad: llegar al escenario electoral de 2027 con una oposición fragmentada. En la lectura del mileísmo, la eliminación de las PASO dificultaría la organización de candidaturas unificadas en otros espacios políticos, favoreciendo una dispersión del voto que podría beneficiar al oficialismo en una eventual reelección.
Sin embargo, esa misma estrategia genera resistencias. Dirigentes opositores y hasta aliados circunstanciales coinciden en que las primarias son una herramienta clave para ordenar la competencia interna y evitar rupturas. En un contexto donde los acuerdos políticos son frágiles, muchos sectores prefieren conservar ese mecanismo como instancia de definición antes de las elecciones generales.
En paralelo, el proyecto también introduce cambios sensibles, como restricciones al financiamiento de campañas y la posible prohibición de contratar asesores extranjeros, lo que amplía el alcance de la reforma y suma nuevos focos de debate.
Con números ajustados en el Congreso y sin garantías de aprobación, el Gobierno enfrenta un panorama complejo. Aun así, apuesta a que la combinación de medidas —especialmente la Ficha Limpia— funcione como elemento de presión para atraer votos clave.
La discusión recién comienza, pero el impacto político ya es evidente: la reforma no solo redefine las reglas del juego electoral, sino que también reconfigura las alianzas y profundiza las divisiones en el sistema político argentino.
