La política argentina atraviesa un momento de redefinición profunda. Y en ese escenario, la figura de Ricardo Quintela empieza a ocupar un lugar que excede los límites de La Rioja para proyectarse en clave nacional. Es el resultado de una construcción política que, lejos del ruido mediático, busca reordenar al peronismo en tiempos de fragmentación.
Quintela no esquiva el debate. Ha dicho con claridad que le gustaría ser candidato a presidente, aunque también reconoce liderazgos dentro del espacio, mencionando a figuras como Axel Kicillof, Sergio Massa o Sergio Uñac. Esa definición expresa una lógica distinta, más colectiva que personalista, en un peronismo que intenta reconstruirse tras la derrota y frente a un gobierno como el de Javier Milei, que impulsa un modelo de ajuste profundo y reformas estructurales.
El gobernador riojano plantea que el desafío no es sólo electoral, sino conceptual: construir un programa de gobierno que vuelva a conectar con la sociedad. “Definir un proyecto y un modelo de país”, ha señalado, en un contexto donde el peronismo reconoce que necesita reorganizarse, debatir y, sobre todo, volver a representar.
Pero hay algo más. Quintela intenta ocupar un rol de articulador. En un movimiento históricamente atravesado por tensiones internas, su apuesta es “acercar las partes”, tender puentes entre sectores que hoy desconfían entre sí, en el marco donde existe un peronismo que, según distintos análisis, llegó debilitado y dividido al actual ciclo político, facilitando el avance de Milei.
La estrategia tiene un eje claro: federalizar la discusión. Quintela representa a un interior que muchas veces se sintió relegado frente a las decisiones del área metropolitana. Su trayectoria —desde la militancia juvenil hasta la gobernación, pasando por la intendencia de la capital riojana— muestra una construcción territorial sostenida, con fuerte anclaje en la lógica del partido justicialista.
En paralelo, su discurso endurece el contraste con el oficialismo. Ha sido uno de los gobernadores más críticos de Milei, al punto de advertir sobre las consecuencias sociales de sus políticas y reclamar una reacción del movimiento obrero frente a reformas que considera regresivas. Esa confrontación lo posiciona como una de las voces más firmes dentro del peronismo opositor.
Ahora bien, la pregunta de fondo es si este intento de construcción colectiva logrará consolidarse. El propio Quintela admite que el camino recién empieza: reuniones, diálogo, diseño de propuestas. Un proceso que, de prosperar, podría derivar en una alternativa competitiva de cara a 2027.
La historia del peronismo demuestra que su principal fortaleza ha sido, siempre, su capacidad de reconfiguración. En ese tablero, Quintela busca jugar como armador más que como figura excluyente. Tal vez ahí radique la clave de su estrategia: entender que, en esta etapa, el poder no se impone, se construye.
Y en tiempos donde la política parece dominada por los extremos, esa vocación de síntesis —si logra materializarse— podría convertirse en un activo decisivo para el futuro del justicialismo argentino.

