Un estudio con más de 5.500 adolescentes encontró que quienes daban más pasos al día tenían menos problemas emocionales y de conducta un año después.
Caminar hasta la escuela, pasear al perro, salir con amigos, subir escaleras o simplemente levantarse más veces de la silla. Todo ese movimiento cuenta. Un nuevo estudio con más de 5.500 adolescentes encontró que quienes acumulaban más pasos durante el día presentaban, un año después, menos problemas relacionados con la ansiedad, el estado de ánimo, la atención y la conducta.
La investigación, analizada por la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, fue publicada en la revista científica JAMA Network Open y analizó a chicos de alrededor de 12 años que participaban en uno de los mayores estudios sobre desarrollo cerebral de Estados Unidos.
Los resultados no significan que caminar más cure la ansiedad o la depresión. Tampoco permiten afirmar que exista una cantidad exacta de pasos capaz de proteger la salud mental. Pero sí muestran una relación interesante: a medida que aumentaba el movimiento cotidiano, mejoraban también algunos indicadores de bienestar psicológico.
Una de las ventajas del estudio fue la forma de medir la actividad física. En lugar de preguntarles a los adolescentes cuánto ejercicio creían hacer, los investigadores utilizaron dispositivos electrónicos que registraron sus pasos durante tres semanas. En promedio, los participantes caminaban unos 9.600 pasos al día.
Después fueron divididos en grupos: menos de 5.000 pasos, entre 5.000 y 7.499, entre 7.500 y 9.999, entre 10.000 y 11.999 y 12.000 o más. Un año después, los científicos evaluaron nuevamente su salud mental. Los chicos que daban menos de 5.000 pasos diarios mostraron más problemas emocionales y de conducta. A medida que aumentaba la cantidad de pasos, esos problemas tendían a disminuir. La relación fue gradual. Eso quiere decir que no apareció una cifra mágica. No era necesario llegar exactamente a 10.000 pasos para empezar a ver una diferencia.
Durante años se popularizó la idea de que una persona debe caminar 10.000 pasos diarios para estar saludable, pero esa cifra no representa una frontera biológica exacta. El nuevo estudio vuelve a mostrar algo importante: moverse un poco más puede ser mejor que no cambiar nada, aunque no se alcance un objetivo perfecto.
Para un adolescente que pasa gran parte del día sentado, sumar 1.000 o 2.000 pasos podría significar caminar algunas cuadras más, bajar antes del colectivo, pasear al perro o pasar más tiempo fuera de casa. No hace falta pensar solamente en deporte. Los pasos incluyen cualquier movimiento realizado a lo largo del día.
Los investigadores pudieron analizar además imágenes cerebrales de los participantes. Hallaron que una mayor cantidad de pasos estaba relacionada con diferencias en el grosor de dos zonas del cerebro. Una de ellas fue la corteza cingulada anterior rostral, una región que participa en funciones como la regulación de las emociones y la toma de decisiones. La otra fue el área paracentral: los científicos observaron que algunas características de esta última región explicaban una pequeña parte de la relación entre actividad física y salud mental.
Esto no significa que caminar “haga crecer” el cerebro. Tampoco permite decir que una persona con más pasos tenga automáticamente un cerebro más sano. Lo que muestra es que el movimiento cotidiano podría estar relacionado con la forma en que se desarrolla el cerebro durante la adolescencia. Y eso importa porque esta etapa de la vida es especialmente sensible.
Un cerebro que todavía está cambiando
Durante la adolescencia, el cerebro todavía está en construcción. Las regiones relacionadas con las emociones, la recompensa, el control de los impulsos y la toma de decisiones continúan madurando. Al mismo tiempo, es una edad en la que pueden aparecer los primeros síntomas de muchos problemas de salud mental.
También es una etapa en la que suele reducirse mucho el movimiento. Durante la infancia es común pasar horas jugando, corriendo o andando en bicicleta. Con la llegada de la adolescencia aumentan las clases, el estudio, el uso del celular, los videojuegos y otras actividades que se hacen sentado. Según datos citados por los autores, alrededor del 81 por ciento de los adolescentes del mundo no alcanza las recomendaciones actuales de actividad física.
Los investigadores también quisieron saber si caminar más estaba relacionado con un mejor rendimiento escolar. En este caso, la respuesta fue mucho menos clara. No encontraron una relación consistente entre la cantidad de pasos y las calificaciones académicas. Ese resultado es importante porque evita convertir la actividad física en una solución para todo.
Moverse más se relacionó principalmente con mejores indicadores de salud mental y con algunas diferencias en la estructura cerebral. No con mejores resultados en todos los aspectos de la vida. Esta es una de las grandes preguntas que el estudio todavía no puede responder. La investigación fue observacional. Eso significa que los científicos siguieron a los adolescentes tal como vivían normalmente, pero no les dijeron a algunos que caminaran más para comprobar qué ocurría.
Por eso pueden existir dos explicaciones. La primera es que moverse más ayude a mejorar el bienestar psicológico. La segunda es que un adolescente que ya se siente mejor tenga también más ganas de salir, encontrarse con amigos o caminar. Incluso podrían ocurrir las dos cosas al mismo tiempo.
Los investigadores intentaron tener en cuenta cómo estaba la salud mental de los participantes al comienzo del estudio, y aun así encontraron la relación entre más pasos y mejores resultados posteriores. Pero todavía hacen falta investigaciones diseñadas específicamente para demostrar causa y efecto.
El hallazgo no significa que haya que convertir los pasos en una nueva obsesión. Tampoco que los adolescentes tengan que mirar constantemente una aplicación para comprobar si llegaron a determinada cifra. La idea es mucho más simple: moverse forma parte de la salud. Y no solamente de la salud física. Caminar, jugar, salir, andar en bicicleta o interrumpir períodos muy largos sentado pueden aportar movimiento sin necesidad de convertirlo en entrenamiento.
Nada de esto reemplaza la atención de un profesional cuando existe un problema de salud mental. Sin embargo, el estudio aporta una pista importante: en más de 5.500 adolescentes, quienes se movían más durante su vida cotidiana tendían a presentar mejores indicadores psicológicos un año después.
Con todo, en una época en la que buena parte del día transcurre entre pantallas, escritorios y sillas, quizá cuidar la mente también implique algo bastante sencillo: darle al cuerpo más oportunidades para moverse.
Fuente: https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/fullarticle/2854698



