En tiempos de fechas clave como el Día del Estudiante, especialistas remarcan que no existe una «cantidad segura» y señalan que un único consumo ya puede ser nocivo. Además, enfatizan el rol clave de la familia frente a la presión social.

Ante la creciente preocupación por el consumo de alcohol en los jóvenes —especialmente en épocas de festejos como el Día del Estudiante—, el Dr. Roberto Rodrigo Moreira (matrícula 2583), médico pediatra, toxicólogo y presidente de la fundación La Rioja sin intoxicaciones, advirtió sobre las graves consecuencias que esta sustancia genera en el organismo en pleno proceso de crecimiento.
Daño directo al sistema nervioso y al neurodesarrollo
El especialista remarcó que el alcohol es una droga legal altamente nociva que impacta de lleno en todo el cuerpo, pero con efectos particularmente críticos en el cerebro adolescente. Dado que el sistema nervioso se encuentra en plena formación, el alcohol actúa como un tóxico directo sobre las neuronas y sus conexiones.
«Un único consumo ya puede ser nocivo y no hay una cantidad segura. Cada organismo es diferente, por lo que incluso en cantidades mínimas puede haber daño neuronal», explicó el Dr. Moreira.
Entre las secuelas a largo plazo en la vida adulta, el médico destacó alteraciones en:
- La toma de decisiones y el razonamiento: Menor capacidad de análisis crítico y pensamiento a futuro.
- El control de impulsos: Pérdida del «freno» natural ante situaciones de riesgo o conflictos.
- El rendimiento cognitivo: Reducción en las capacidades generales de razonamiento y aprendizaje.
El peligro del consumo rápido y el coma alcohólico
El pediatra alertó también sobre una modalidad de consumo frecuente entre los jóvenes: la ingesta rápida y masiva de grandes volúmenes de alcohol en pocos minutos (a menudo antes de ingresar a eventos o boliches).
Esta práctica genera picos de alcoholemia muy altos que pueden derivar en un coma alcohólico y terminar de urgencia en una guardia médica. En cuadros de intoxicación aguda severa se registran daños masivos, tales como:
- Muerte neuronal: Cerca de un millón de neuronas afectadas por cada episodio de intoxicación.
- Aparato cardiovascular: Aumento de la presión arterial, riesgo de infartos y arritmias.
- Sistema hepático y renal: Desarrollo de hígado graso, riesgo de hepatopatía alcohólica (que puede derivar en cirrosis) y daños renales severos por deshidratación.
El rol de la familia: ¿cómo actuar frente a la presión de pares?
Frente a la clásica consulta de los padres sobre cómo guiar a sus hijos ante la presión del grupo («todos toman, ¿cómo digo que no?»), el especialista fue tajante: prohibir no da resultados.
Para Moreira, la clave está en el núcleo de contención familiar y en fomentar una escucha activa y sin juicios:
- Formar criterio propio: No se puede evitar que los adolescentes entren en contacto con la sustancia, pero sí se puede educar para que desarrollen la capacidad de decir «no» o poner un límite («hasta acá llego»).
- Construir vínculos sanos: Enseñar a los jóvenes a valorarse y reconocer que los verdaderos amigos respetan las decisiones individuales sin presionar ni obligar a consumir.



