martes, octubre 6, 2026
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Editorial | Brasil nos mira: La Rioja no puede mirar para otro lado

Hay un mapa que explica esta época. Diciembre de 2015: Sudamérica, casi toda roja. Cuatro años después, casi toda azul. En 2023, otra vez roja. Hoy, azul de nuevo. Nada dura: todo dura cuatro años.

Este domingo, Brasil sumó un capítulo. Lula quedó segundo en la primera vuelta, detrás de Flávio Bolsonaro, hijo de un expresidente que hoy cumple prisión domiciliaria por desconocer una derrota electoral. La ventaja ronda los dos millones y medio de votos y el balotaje es el 25 de octubre. Si se confirma, el continente se queda casi sin gobiernos de izquierda. Solo Uruguay resiste.

Los mercados festejaron. Subió la bolsa de San Pablo, subieron los bonos, y el riesgo país argentino bajó de 655 a 599. El Gobierno celebró. Pero atención: que le vaya bien a los mercados no significa que le vaya bien a la gente. Estabilidad para el que presta no es bienestar para el que trabaja.

Ahí está la trampa. Desde Washington dijeron, sin pudor, que apoyar a Milei salió barato y rindió muchísimo. Para ellos, una inversión brillante. Y nosotros, ¿qué ganamos? Una economía estancada, fábricas que cierran y una informalidad que crece.

Un dato lo resume. Casi un tercio de quienes refinanciaron sus deudas este año volvió a caer en mora. No es un problema de crédito. Es un problema de ingresos. Y eso se vive en cada casa riojana, en cada mostrador, en cada fin de mes.

Entonces, ¿por qué se sigue votando a la derecha? Porque votar es también un acto de bronca. Desde 2018, en Sudamérica, las oposiciones ganaron 18 de 21 elecciones presidenciales. Gana el que no gobierna. Y porque hay un miedo inducido: si el mercado se asusta, pagamos todos. Es una extorsión disfrazada de sentido común.

Pero ojo: el péndulo vuelve. Si la receta no resuelve los problemas de la gente, el péndulo vuelve, como siempre.

La Rioja está frente a su propia encrucijada. La sucesión de Quintela ya abrió la grilla, con más de media docena de nombres dando vueltas. La Libertad Avanza pisa fuerte en la capital, y en la última elección perdió por un margen mínimo. Mientras tanto, suena un apellido de peso nacional como posible candidato. Con esa foto, la dirigencia peronista no puede seguir discutiendo solo hacia adentro.

Brasil deja dos lecciones. Primera: Lula armó una coalición amplia, con un empresario de centroderecha como vicepresidente. La pureza no alcanza. Segunda: no se gana indignándose. No hay buen plan económico que pierda elecciones. Tampoco hay oposición que gane hablándole al fantasma en lugar de al bolsillo.

«No hay buen plan económico que pierda elecciones. Tampoco hay oposición que gane hablándole al fantasma en lugar de al bolsillo.»

La estrategia comunicacional tiene que hablar de salario, de deuda, de precios, de empleo. Con datos, sin insultos, sin subestimar al que votó distinto. Porque ese vecino que mira a la derecha no está ciego. Está cansado, y alguien le prometió que lo iba a escuchar.

Que Brasil nos sirva de espejo. La Rioja todavía está a tiempo de mirarse en él.


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