Payada a La Rioja y su gente
Con permiso, paisanada,
voy templando el corazón,
para cantarle a La Rioja
con respeto y con pasión.
Tierra de cerros rojizos,
de algarrobo y de chañar,
donde el sol pinta los montes
cuando comienza a asomar.
Es cuna de hombres valientes,
de mujeres de gran fe,
que enfrentan cualquier destino
sin perder jamás el pie.
Riojano de mano abierta,
de palabra y de amistad,
que comparte lo que tiene
con sencilla dignidad.
En la mesa nunca falta
un buen vino o un mistol,
ni el abrazo de un vecino
que vale más que el oro y el sol.
Desde Arauco hasta los Llanos,
de Chilecito al Famatina,
late un mismo sentimiento
que al pueblo siempre ilumina.
Y si preguntan quién soy,
lo respondo sin demora:
soy cantor de esta provincia,
la Rioja que me enamora.
Que viva su gente noble,
su trabajo y su esperanza;
porque mientras haya riojanos,
jamás se pierde la confianza.
Y termino esta payada
con un sincero cantar:
¡Dios bendiga a La Rioja
y a su pueblo sin igual!




