En lo que va del Gobierno de Javier Milei, la cantidad de empresas en Argentina se redujo en unas 31.000, principalmente en los sectores comercial, de transporte, inmobiliario e industrial. Aunque surgieron nuevas firmas en servicios personales y administrativos, hidrocarburos y minería, no alcanzan a compensar la caída del resto. Entre las causas figura la baja del 10% del consumo masivo, incluido el canal del comercio electrónico. Al mismo tiempo, la canasta de servicios públicos se encareció un 249% en términos reales, es decir, descontando la inflación. Además, el peso argentino se apreció alrededor de un 30% desde fines de 2023, lo que elevó los costos de producción local de bienes y servicios.
En el marco de la gestión del presidente Javier Milei, la economía argentina enfrenta un preocupante panorama caracterizado por el cierre masivo de pequeñas y medianas empresas (pymes), comercios e industrias. Según informes recientes presentados por medios internacionales como DW, el saldo neto entre las aperturas y las clausuras arroja un promedio alarmante de 33 empresas menos por día desde el inicio de la actual administración gubernamental.
El peso de los costos y la caída del consumo
El incremento constante en las tarifas de servicios básicos (luz, gas y agua), sumado a una severa contracción del poder adquisitivo y del consumo interno, ha vuelto insostenible la operatividad de numerosos negocios históricos.
Casos emblemáticos como el de la fábrica de cerveza artesanal Gulliver —con 12 años en el mercado— o la tradicional librería En el Viento, reflejan la realidad de miles de emprendedores que se han visto obligados a liquidar sus inventarios, apagar sus maquinarias y cerrar sus puertas de manera definitiva. Los propietarios denuncian que los incrementos desmedidos y la drástica caída en las ventas hacen imposible cubrir los gastos fijos.
Impacto en el empleo
Esta ola de cierres ha dejado un saldo aproximado de 411.000 empleos formales menos. Ante la pérdida de sus fuentes laborales, muchos extrabajadores se han visto desplazados hacia la economía informal o empleos temporales con ingresos reducidos (como plataformas de transporte o changas), percibiendo sumas sumamente bajas que apenas alcanzan para la subsistencia diaria.
Sectores clave como el comercio, el transporte, las inmobiliarias y el sector industrial se encuentran entre los más golpeados por esta contracción.
El caso de la aviación comercial y el transporte
La crisis no distingue rubros. Un claro ejemplo es la aerolínea low costFlybondi, que llegó a concentrar una parte importante del mercado doméstico y que recientemente redujo drásticamente sus operaciones y despidió a un millar de empleados. Esto ha generado protestas de extrabajadores en aeropuertos ante la falta de cobro de salarios e indemnizaciones, agravado por las limitaciones de combustible y los costos operativos en el sector aeronáutico.
La postura del Gobierno
Por su parte, el presidente Javier Milei ha restado dramatismo a estas cifras, argumentando que la desaparición de empresas unipersonales o de baja escala forma parte de una dinámica económica natural y que, paralelamente, surgen nuevas iniciativas de mayor escala o con diferentes modelos de contratación. El Gobierno defiende la reconversión económica y apela a teorías de «destrucción creativa» frente a los desafíos fiscales heredados.
Sin embargo, economistas y referentes sectoriales advierten que la persistencia de esta incertidumbre y la pérdida de competitividad de la industria local ponen en riesgo no solo el tejido empresarial del país, sino también la estabilidad social y económica a mediano plazo.



