La difusión del índice de inflación de diciembre, que se situó en un 2,8%, ha disparado una ola de triunfalismo en los despachos oficiales. Con un acumulado anual del 31,5% para el 2025 —la cifra más baja en ocho años—, el Gobierno no ha dudado en elevar al ministro Luis Caputo a la categoría de «prócer» de la estabilidad. Sin embargo, cuando se descorre el velo de la macroeconomía, la realidad que emerge es sensiblemente más árida y preocupante para el ciudadano de a pie.
Es innegable que el punto de partida fue catastrófico: recibir una economía con un 211% de inflación heredada de la gestión de Alberto Fernández obligaba a un tratamiento de shock. Pero la celebración actual omite un dato técnico alarmante: la inflación ha dejado de bajar. Desde mayo pasado, cuando el índice tocó un piso del 1,5%, el costo de vida ha iniciado una escalada mensual ininterrumpida hasta llegar al 2,8% actual. Mientras el mundo observa inflaciones anuales inferiores al 3%, Argentina consume ese margen en apenas treinta días, manteniéndose como el sexto país con mayor inflación del planeta.
| Mes | Inflación (%) | Tendencia Visual |
| Mayo | 1.5% | █▌ |
| Junio | 1.6% | █▌ |
| Julio | 1.9% | ██ |
| Agosto | 1.9% | ██ |
| Sept | 2.1% | ██▏ |
| Oct | 2.3% | ██▎ |
| Nov | 2.5% | ██▌ |
| Dic | 2.8% | ██▊ (Pico del semestre) |
Esta «estabilidad» se está pagando con una moneda extremadamente cara: la desindustrialización y la precarización laboral. El caso de la industria textil es el termómetro más preciso de este enfriamiento. Con plantas operando apenas al 40% de su capacidad instalada, el sector se desangra. La noticia de la paralización de la planta de TN Plátex en Tucumán, sumada a las suspensiones de trabajadores en su planta de La Rioja, no es un hecho aislado. Es el resultado de una apertura de importaciones combinada con un dólar que empieza a percibirse atrasado, transformando a productores locales en simples importadores.
En los últimos dos años, el sistema ha expulsado a 270.000 trabajadores del sector privado registrado, el empleo que ofrece mejores salarios y estabilidad. Esa masa laboral no desaparece, sino que se refugia en el monotributo o la informalidad, degradando la calidad de vida de miles de familias. Hoy, una familia tipo necesita $1.300.000 para no ser pobre, una cifra que parece una utopía para quienes transitan la precariedad laboral.
El superávit fiscal, la gran bandera de la gestión de Javier Milei, tiene también sus «héroes silenciosos» o, mejor dicho, sus víctimas sacrificadas. La motosierra ha encontrado en los jubilados su fuente de financiamiento más constante. Mediante un mecanismo de «licuación» silenciosa, el Gobierno mantiene congelado el bono de $70.000 desde hace meses. Al ajustar el haber pero no el bono, los jubilados de la mínima perdieron un 5% de poder adquisitivo solo en el último año, a pesar de la baja de la inflación. Es una matemática cruel: mientras el Gobierno festeja el equilibrio de las cuentas, el 70% de nuestros adultos mayores ve cómo su ingreso se achica mes a mes frente a servicios públicos que subieron muy por encima del promedio general.
| Variable | Porcentaje | Diferencia |
| Inflación 2025 | 31.5% | ████████████████ (Costo de Vida) |
| Aumento Haber Mín. | 24.7% | ████████████▌ (Ingresos) |
| Resultado | -6.8 pts | Pérdida real de poder de compra |
El desafío para el 2026 que inicia es romper la mirada unidimensional de la economía. Los números «cerrados» del Excel no pueden seguir dándole la espalda a una industria nacional que cae (un 7% abajo respecto a hace ocho años) ni a una clase pasiva que financia el ajuste. La estabilidad de precios es una condición necesaria, pero si el costo de alcanzarla es el desierto industrial y la pobreza de quienes aportaron toda su vida, el éxito será, en el mejor de los casos, incompleto y, en el peor, socialmente insostenible.





