El sur de la provincia parece estar bastante lejos al punto que muchos habitantes tienen mas contacto con San Luis o San Juan, y hasta Córdoba, pero es el sur de nuestra provincia, es el departamento Rosario Vera Peñaloza, que nos permite observar de frente una realidad que duele, interpela y expone los contrastes más profundos de nuestra política local.
Mientras las proyecciones y los armados de cara a las próximas elecciones provinciales ya comienzan a agitar las aguas en los pasillos partidarios, los vecinos de Los Llanos sufren los problemas de siempre. La política discute nombres, candidatos y estructuras, mientras las calles siguen reclamando respuestas elementales que no llegan.
Porque los años pasan, las gestiones pasan y al final todo sigue igual: ¿de qué hablamos cuando hablamos de gestión en Rosario Vera Peñaloza? Hablamos de la falta histórica de cloacas. Hablamos de una problemática sanitaria insostenible donde cada temporada de lluvias se convierte en una pesadilla con el colapso de los pozos negros en los barrios. Hablamos de la angustia recurrente por la escasez de agua potable y el drama de las sequías que golpean año tras año a la producción y a los hogares.
A esto se le suma una economía doméstica asfixiada, fuertemente dependiente de los vaivenes financieros provinciales y del oxígeno que representa el Banco Rioja para sostener los sueldos en una plaza donde el empleo privado genuino escasea.
Sin embargo, frente a este panorama de necesidades postergadas, el tablero político se mueve con sus propias reglas. Por un lado, el oficialismo, referenciado en figuras como Cristian Pérez, busca consolidar su hegemonía tras sucesivos triunfos electorales, administrando el poder municipal actual con el desafío latente de responder al descontento social. Por el otro, aparecen actores con peso propio, sectores empresariales y de servicios —como el vinculado a figuras como Miranda y Flecha Godoy— que han sabido capitalizar las demandas habitacionales mediante la entrega de lotes y asistencia directa, ganándose un lugar de peso en el mapa político local a fuerza de presencia territorial.
¿Y la oposición? El radicalismo y las expresiones opositoras tradicionales intentan interpelar a ese votante desencantado, anclados en su historia familiar y su arraigo, pero muchas veces fragmentados y a la sombra de una maquinaria oficialista que no descuida ningún detalle electoral.
Lo que se avecina en Rosario Vera Peñaloza no es una contienda sencilla. Es el choque entre dos realidades: la de una ciudadanía que exige dignidad, obras de infraestructura reales, agua y saneamiento básico; y la de un sistema político que, con sus virtudes y sus miserias, sigue apostando a la asistencia directa, al aparato y a la especulación de cara a las urnas.
La política departamental está ante su espejo más crudo. Los vecinos ya no se conforman con promesas de campaña ni con soluciones parches que se tapan cuando cesa la lluvia. Se necesita un debate profundo, altura dirigencial y, sobre todo, un compromiso genuino con el desarrollo estructural del departamento.
Las urnas hablarán pronto, pero el verdadero veredicto ya lo están dando las familias que todos los días abren la canilla y se preguntan hasta cuándo tendrán que esperar lo básico.



