viernes, septiembre 25, 2026
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Editorial | La economía real no se disimula con sarasa

Las respuestas de Javier Milei en Bloomberg y el pulso de la economía real frente a los mercados.

El Miércoles asistimos a un verdadero show, a una de esas escenas que dejan perplejo a cualquiera que tenga un pie en la economía real y otro en los mercados internacionales. Lo que pasó en privado con los inversores en Wall Street —donde Caputo iba con el «está todo bien, vamos a ganar«— se repitió en público con la esperada entrevista que el presidente Javier Milei le concedió a Bloomberg.

Y miren que Bloomberg no es un medio cualquiera; es la biblia que consumen los inversores globales que ponen o sacan la plata de la Argentina. Fueron directos al hueso: recesión, desempleo y encuestas. Preguntas que se hace el mundo financiero, pero sobre todo, preguntas que se hace cualquier laburante en la calle.

¿Y qué respondió el presidente? Ante la evidencia de la contracción económica, la respuesta fue que el problema no es la recesión, sino los «indicadores desestacionalizados» que miden mal porque hay cambios estructurales. O sea, nos dicen que el termómetro miente y que la fiebre no existe, mientras la actividad, el empleo informal y la inversión crujen en todos los frentes.

Pero lo más flojo de papeles vino cuando le preguntaron por las encuestas y el humor social. Lejos de hacerse cargo de un clima de época complejo, la respuesta fue: «Las encuestas mienten«, y sacó a relucir ejemplos insólitos sobre encuestadores que supuestamente lo comparaban con monstruos.

Las personas inteligentes, los empresarios y los inversores que arriesgan capital no comen vidrio.

Y acá es donde uno se pregunta: ¿quién se cree estas respuestas? Las personas inteligentes, los empresarios y los inversores que arriesgan capital no comen vidrio. Cuando a una pregunta dura sobre la realidad te responden con cualquier banana o te largan un insulto de café —como cuando descalificó a Kicillof—, el inversor no se tranquiliza; al contrario, sale corriendo.

Matar al mensajero, negar que la gente la está pasando mal o pretender que un indicador sirve cuando conviene y no sirve cuando da mal es un recurso de una precariedad inmensa. La economía real no se gobierna con relatos ni con aplausos de tribuna rentada. Hay una realidad muy dura y, lamentablemente, las respuestas que nos siguen dando son pura y exclusivamente sarasa.

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