sábado, septiembre 26, 2026
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Editorial | La sombra del ajuste se traduce en mas pobreza

Hoy ponemos el foco en el informe del INDEC, donde el rumbo económico de Argentina vuelve a encender todas las alarmas.

A casi tres años de haber iniciado su gestión, el gobierno del presidente Javier Milei enfrenta un panorama social cada vez más complejo. Los datos oficiales del primer semestre de este año revelan que la pobreza en el país ha trepado al 32,3%. Esto representa un incremento drástico de casi 1,7 millones de nuevos pobres en cuestión de meses, situando a unos 15 millones de argentinos —de una población total de 46 millones— en situación de vulnerabilidad.

El dato más desgarrador recae sobre la infancia: más del 44% de los niños de hasta 14 años viven en la pobreza, y la indigencia infantil supera ya los dos dígitos.

Frente a este escenario, las calles y los barrios de Buenos Aires cuentan una historia que los números fríos apenas rozan. Comedores comunitarios completamente desbordados, el incesante resurgimiento de los clubes de trueque y familias enteras que deben endeudarse con préstamos a corto plazo meramente para poder llevar un plato de comida a la mesa. Es el reflejo vivo de ingresos que se han quedado sistemáticamente rezagados frente a la inflación, pulverizando el poder adquisitivo de la clase trabajadora.

Desde la perspectiva oficial, la administración libertaria defiende estas medidas de austeridad como un mal necesario e indispensable. El objetivo declarado sigue siendo sanear la economía mediante la erradicación del déficit fiscal. Sin embargo, las organizaciones sociales y los sectores industriales advierten que el cóctel de recortes salariales en el sector público, la eliminación de subsidios a los servicios y la fuerte presión sobre la industria nacional están asfixiando la economía real.

El impacto se siente en todos los frentes. La destrucción de empleo formal y privado —reemplazado por una informalidad precaria donde los ingresos caen hasta un 28%—, sumada a una actividad económica en retroceso y a ayudas sociales que llegan tarde frente al ritmo inflacionario, ensancha peligrosamente la brecha de la desigualdad.

La gran pregunta que resuena en los mercados y en las calles es si esta estrategia económica no está poniendo en jaque su propia viabilidad política de cara a las elecciones del próximo año. Las encuestas ya registran un desgaste en la popularidad del presidente Milei y un repunte en el riesgo país, impulsado por las dudas de los inversores. No obstante, el mapa político sigue mostrando matices: sectores jóvenes que impulsaron el cambio en su momento sufren hoy las consecuencias del ajuste, pero mantienen destellos de apoyo, divididos entre la desilusión y la esperanza de un giro definitivo.

La economía argentina transita una cornisa sumamente delicada. Los analistas coinciden en que cualquier recuperación futura ya no dependerá solo de planillas fiscales equilibradas, sino de la capacidad real de generar empleo de calidad y salarios que recuperen el terreno perdido. Porque gobernar con cuentas ordenadas es un objetivo financiero, pero garantizar que la población pueda llegar a fin de mes es, ante todo, una urgencia humana.

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