En tiempos donde la doctrina del abandono estatal se intenta imponer desde el Gobierno Nacional, asfixiando las economías regionales mediante la eliminación de fondos compartidos y la paralización absoluta de la obra pública, la provincia de La Rioja emerge como un faro de resistencia constructiva. Mientras el modelo centralista desatiende las necesidades más urgentes del interior, la gestión del gobernador Ricardo Quintela ratifica una premisa histórica del peronismo: allí donde hay una necesidad, nace un derecho, pero también una oportunidad de desarrollo. A través de un Estado decididamente presente, la provincia no solo contiene a su población, sino que invierte con recursos propios en infraestructura estratégica para consolidar al turismo y a la cultura como motores dinamizadores del empleo y la identidad local.
Los anuncios recientes del ministro de Turismo y Culturas, Gustavo Luna, son el testimonio de esta decisión política inquebrantable. En primer lugar, la inminente habilitación en diciembre del Centro de Interpretación y Atención al Turista en Vinchina —la estación número seis de la célebre Ruta de los Dinosaurios, ubicada a más de 2.000 metros de altura en plena cordillera— representa un hito fundamental para el fortalecimiento del corredor del Bermejo. Una obra que, tras el retiro de la asistencia nacional, requirió de un colosal esfuerzo del presupuesto e inversión provincial para culminarse y dotar de servicios de rescate, seguridad y hotelería a un destino que capta el flujo creciente de visitantes provenientes del Parque Nacional Talampaya y Laguna Brava.
A la par de este despliegue cordillerano, La Rioja proyecta su riqueza hacia el mundo. La elección del departamento Sanagasta entre los ocho preseleccionados de la Argentina para competir ante las Naciones Unidas (ONU Turismo) como uno de los pueblos más lindos y sostenibles del planeta, demuestra la calidad de la planificación riojana. Esta postulación internacional es el resultado del trabajo articulado entre los municipios y la provincia, apostando por destinos emergentes donde la sostenibilidad ambiental y la preservación cultural se transforman en sustento de su comunidad.
Sin embargo, el proyecto que quizás mejor sintetiza la sensibilidad espiritual y la memoria histórica de este modelo de gobierno es la imponente potenciación del turismo religioso con el Parque Temático “Martirio y Memoria” en el paraje de Punta de los Llanos. Allí, donde se erige la histórica ermita que homenajea a Monseñor Enrique Angelelli, los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, y el laico Wenceslao Pedernera, la provincia avanza decidida en una monumental obra de infraestructura civil. Con más de 500 metros cuadrados edificados, un altar mayor presidido por una cruz monumental y modernos espacios museológicos, este complejo enmarcado en el circuito de las «Huellas del Peregrino» trasciende lo meramente turístico: es un acto de estricta justicia social, memoria y fe.
El contraste entre dos formas de concebir el país es absoluto. Por un lado, una administración nacional que entiende el gasto público y los derechos federales como un costo prescindible; por el otro, el gobierno justicialista de Ricardo Quintela, que demuestra que el desarrollo armónico de las localidades del interior no es un lujo, sino una obligación soberana. La Rioja no se detiene ante la intemperie de los recursos negados; con un Estado activo que genera soluciones habitacionales, viales y turísticas, la provincia reescribe su destino con dignidad, convirtiendo sus paisajes, su fe y su historia en trabajo genuino para su pueblo.

