En medio de los incendios que afectan a la Patagonia y otros eventos climáticos extremos que se repiten con mayor frecuencia, el debate sobre el cambio climático vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública. Así lo reflejó una reciente entrevista radial en la que la licenciada Paz González, docente universitaria y especialista en cambio climático, explicó de manera clara las diferencias entre calentamiento global y cambio climático, además de sus causas, consecuencias y posibles caminos de acción.
González señaló que, si bien a la mayoría de las personas les preocupan las consecuencias visibles —olas de calor, incendios, sequías o inundaciones—, no siempre existe el mismo interés por comprender las causas profundas de estos fenómenos. En ese sentido, remarcó la importancia de diferenciar conceptos: el calentamiento global se refiere al aumento sostenido de la temperatura media del planeta, mientras que el cambio climático engloba todos los impactos derivados de ese calentamiento, que no se manifiestan de la misma forma en todos los lugares ni en todas las épocas del año.
La especialista recordó que el vínculo entre las emisiones de dióxido de carbono y el aumento de la temperatura terrestre se estudia desde fines del siglo XIX. Con la Revolución Industrial, la quema masiva de carbón, petróleo y gas liberó grandes cantidades de gases de efecto invernadero que intensificaron un proceso natural indispensable para la vida, pero que hoy se encuentra fuera de equilibrio. “No hay ninguna duda científica: el cambio climático es consecuencia directa de las actividades humanas”, afirmó.
Entre los impactos más evidentes mencionó el incremento de incendios forestales, explicando que no solo responden a temperaturas más altas, sino también a la modificación de los ecosistemas, la introducción de especies exóticas y la falta de políticas sostenidas de prevención y manejo del fuego. A esto se suman sequías, inundaciones y alteraciones en corrientes atmosféricas y oceánicas, con efectos en cadena sobre los ecosistemas.
González también hizo hincapié en las consecuencias para la salud humana. El aumento de la temperatura y la humedad favorece la expansión de enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue, hacia zonas donde antes no estaban presentes. Además, las olas de calor y la contaminación del aire derivada de incendios representan riesgos directos para la población.
Desde una mirada más integral, la especialista propuso lo que denomina la “teoría espejo”: cuidar el ambiente y reducir los impactos del cambio climático también implica cuidar la salud física y mental. El contacto con la naturaleza, la presencia de espacios verdes y un estilo de vida menos acelerado y consumista generan beneficios comprobados para las personas y, al mismo tiempo, para el planeta.
Finalmente, González subrayó que, más allá de las necesarias políticas públicas, existen acciones individuales y comunitarias que pueden marcar la diferencia. Reducir el consumo, reconectar con alimentos saludables y regenerativos, sumar árboles y plantas en los entornos cotidianos y fortalecer los vínculos sociales son pasos clave para avanzar hacia un modelo de bienestar más sostenible. “Pensar en el bien común y salir del individualismo es una condición indispensable para sostener la vida en el planeta a largo plazo”, concluyó.
