3 DE FEBRERO DE 1813
¡¡FEBO ASOMA!!
COMBATE DE SAN LORENZO.
Habiendo llegado en la noche del día 2 de febrero de 1813, 150 hombres del recientemente formado Regimiento de Granaderos a Caballo (había sido creado en marzo de 1812), se encontraban emboscados detrás del Convento de San Carlos Borromeo en la localidad de San Lorenzo, esperando las primeras luces del día.
La mañana del miércoles 3 de febrero se presentó fresca.
El Convento de San Carlos se encuentra frente a las barrancas del Río Paraná, distando éstas del edificio unos trescientos metros, lo cual permitía una carga de caballería a fondo.
El Coronel San Martín tenía detallada información de las fuerzas realistas presentes en la localidad. Días previos al Combate, las Milicias de Montevideo había realizado algunos amagues de desembarco, habiendo tenido una pequeña refriega con milicianos de Rosario a las órdenes de Celedonio Escalada, por lo cual éste comandante de milicias había aportado importante información de las fuerzas enemigas.
Siempre se ha dicho que San Martín apostó dos secciones de Granaderos detrás del Convento, las cuales atacaron por izquierda y derecha a los realistas desembarcados, los que les doblaban en número. Ésto es cierto, pero parcialmente.
Decimos que parcialmente, porque hubieron otros hombres por parte del bando patriota participando de la acción.
San Martín dispone dos secciones de 60 granaderos cada una, tomando el mando de una (la columna de la izquierda) dejando el mando de la otra a cargo del Capitán Justo Germán Bermúdez, nacido en Montevideo.
Pero a su vez aposta una docena de Granaderos con carabinas en las edificaciones del Convento con intencionalidad de defenderlo, si la suerte del combate era esquiva.
Mitre menciona también al Comandante Celedonio Escalada y sus milicianos de Rosario, que en número de 52 hombres -armados de fusiles, sables y lanzas- quedan como reserva custodiando el Convento.
Y es justo mencionar también a unos veinte vecinos de San Lorenzo que se presentaron espontáneamente frente al Coronel San Martín ofreciendo sus servicios, aunque no hay información que indique que tareas realizaron durante el combate.
Desde temprano el Coronel San Martín oteaba el horizonte desde la espadaña del Convento controlando las once naves realistas que se encontraban ancladas frente al edificio. Apenas clareando las luces del nuevo día, las Milicias de Montevideo habían iniciado el desembarco de hombres utilizando botes. Sin embargo el desembarco no había sido realizado frente mismo al Convento (lugar que conocemos ahora como «Campo de la Gloria»), sino que lo hicieron unos 450 metros más al norte, en una pequeña playa con un suave declive, conocida en aquellos años como bajada del Puerto o del Tigre. Se estima que las fuerzas desembarcadas rondaban desde los 250 a 320 hombres, según distintas fuentes.
A las cinco y media de la mañana, las tropas del Rey ya se hallaban desembarcadas e iniciaban su avance en formación de combate. Las tropas realistas formaban parte del Regimiento de Voluntarios de Montevideo.
El plan de ataque del Coronel San Martín era sencillo. Rapidez en el ataque de carácter envolvente (dos columnas, por izquierda y derecha rodeando al enemigo) en vez de los tradicionales choques frontales. Sin embargo, para que el plan cumpliera su efecto, ambas columnas de ataque debían golpear en el mismo momento, cosa que como veremos luego, no sucedió.
San Martín observa desde la espadaña del Convento los movimientos finales del enemigo junto a algunos Oficiales. Tomada la decisión de ataque, desciende de las azoteas y expresa su famosa frase:
«Ahora, en dos minutos más estaremos sobre ellos, sable en mano».
Manda tocar con sordina la orden de montar, y los Granaderos se aprestan para encontrarse con la Gloria.
Da una breve arenga a sus hombres y le dice a sus Oficiales:
«Espero que tanto los señores oficiales como los granaderos, se portarán con una conducta tal, cual merece la opinión del Regimiento.
Capitán Bermúdez, en el centro de las columnas enemigas nos encontraremos y allí daré a Usted órdenes».
Cuando el enemigo se encontraba a unos doscientos metros del Convento hacia el noreste del mismo, el Coronel San Martín ordenó al trompa Lino Guillermo que toque «a degüello» por primera vez en la historia del Regimiento de Granaderos a Caballo.
Ambas columnas salen a la carrera por izquierda y derecha detrás del Convento.
Las tropas de Montevideo fueron completamente sorprendidas, quedando por un par de minutos paralizadas sin reacción. Inmediatamente intentaron formar «cuadro», formación que se utilizaba para repeler ataques de caballería, que consistía en formar un cuadrado, con las armas de fuego y bayonetas apuntando hacia afuera del cuadrado. Sin embargo la acción patriota fue tan rápida que solamente les dio tiempo de formar «martillo».
La primer columna en llegar al encuentro de las tropas del rey fue la del Coronel San Martín, ya que era la más cercana al enemigo. Allí recibe una descarga de la fusilería, y metralla de los cañoncitos de campaña desembarcados por los de Montevideo. Ésa primera descarga abate a cinco jinetes.
Una descarga de metralla de cañón impacta en el cuerpo del caballo bayo de San Martín, el cual se encabrita y cae muerto, aprisionando la pierna derecha del futuro Libertador.
Las tropas de Montevideo estaban al mando del Capitán de Artillería Juan Antonio de Zabala, el cual, al ver a San Martín derribado, ordena a sus hombres que vayan a ultimarlo, reconociéndolo como un Jefe de las tropas que lo atacaban.
Uno de los infantes españoles se acerca a San Martín y le arroja un sablazo. El Coronel en apuros, imposibilitado de moverse desde el suelo, alcanza a esquivar con un movimiento de cabeza el ataque, pero siendo herido levemente en la mejilla, dejando una cicatriz que lo acompañará por el resto de su vida.
Otro soldado realista -algunos historiadores le atribuyen el nombre de Sargento Almada- se apresta para atravesar al caído, cuando con la velocidad de un rayo, aparece la figura del puntano Juan Bautista Baigorria, que lo atraviesa con su lanza, levantándolo por el aire.
Es en esas circunstancias que aparece la figura del Granadero Juan Bautista Cabral. Joven correntino, nacido en Saladas, hijo de esclavos negros y de 23 años de edad. El moreno echa pie a tierra y logra desembarazar a su Coronel de tan apremiante situación, recibiendo dos heridas de arma blanca que le atraviesan el cuerpo. Morirá dos horas después, en el Refectorio del Convento.
San Martín, desembarazado del apriete, herido en el rostro, con un hombro dislocado por la caída y con la pierna dolorida por el peso del caballo muerto, un tanto desorientado, a pie, ordena al Alferez Manuel Escalada -su cuñado- que:
«¡Reúna usted el Regimiento y vayan a morir!»
En tanto, llega la columna de Bermúdez, a destiempo, que termina de desbaratar el intento realista de defensa. Los de Montevideo entonces inician la retirada hacia las barrancas del río. Muchos de ellos, tratado de evitar los sables y las lanzas granaderas se despeñan de las alturas, pereciendo en la caída.
Dable es mencionar a la figura del Teniente Hipólito Bouchard que arrebata la bandera de las Milicias de Montevideo conjuntamente con la vida del abanderado.
Poco queda del Combate que ha durado alrededor de quince minutos. Los realistas que huyen son perseguidos por los Granaderos a Caballo. Desde los buques que se encuentran amarrados en el río parten algunos disparos de artillería intentando proteger el repliegue de sus tropas. Uno de esos disparos herirá al Capitán Bermúdez de gravedad.
En su afán persecutorio, el Teniente Manuel Díaz Vélez se desbarranca con su caballo, recibiendo dos heridas en el pecho y un disparo en la cabeza, siendo el único prisionero Granadero.
Los realistas sufrirán la pérdida de unos cuarenta a sesenta muertos. Una docena de heridos, y de catorce prisioneros.
Por su parte los patriotas tendrán catorce muertos ese mismo día, a los que se le sumarán dos más en los días subsigueintes, haciendo un total de 16 Granaderos muertos. Tendrán unos veinte heridos, y un prisionero (el ya mencionado Díaz Vélez).
Como botín de guerra los Granaderos obtendrán: una bandera, dos cañones, 41 fusiles, 8 espadas, 8 bayonetas y 8 pistolas.
«…Y nuestros granaderos,
aliados de la gloria,
inscriben en la historia
su página mejor…»

