miércoles, octubre 7, 2026
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Editorial | Democracias débiles, sociedades partidas: Los límites del poder en Suramérica

Hoy nos ponemos a pensar un poco en este mapa político que nos deja perplejos en toda Suramérica. Vamos a compartir tres miradas necesarias para entender por qué los oficialismos a nivel nacional ya no reeligen y por qué la democracia parece tambalearse al ritmo de una crisis estructural.

Primera mirada: el Estado como herramienta quedó corto. No se trata de gobiernos ineptos, sino de una etapa del capitalismo global que ofrece bajo crecimiento, nula creación de empleo y cero distribución. En América Latina, con una inserción subordinada y dependiente de los vaivenes de los commodities, las intenciones transformadoras chocan contra una pared de cristal. Cuando la política se juega estrictamente en la cancha y con las reglas que imponen los mercados, legitimarse frente a una sociedad con demandas cada vez más sofisticadas se vuelve una misión casi imposible.

Segunda mirada: frente a esta impotencia estatal, la ultraderecha supo leer mejor el humor social. Mientras los progresismos intentan rescatar un Estado debilitado sin romper sus límites, la derecha dice abiertamente: «Te lo saco de encima, andá a ganarte el sustento al mercado y, si fracasás, es 100% tuya». Esa filosofía posestatal, sumada a un relato claro de culpables —el Estado, el feminismo, los políticos—, cala hondo en sectores populares cansados de esperar soluciones que nunca llegan. Del otro lado, paradójicamente, nos cuesta señalar a los verdaderos dueños del poder económico.

«Te lo saco de encima, andá a ganarte el sustento al mercado y, si fracasás, es 100% tuya»

Tercera mirada: vivimos en sociedades partidas al medio. Brasil, Colombia, Perú, Argentina… elecciones que se definen por dos puntos, presidentes que no logran imponer autoridad frente a bloques opositores movilizados, algoritmos que aceleran la ansiedad social. Son síntomas, no la causa principal de esta «hegemonía imposible» de la que habla el periodista Fernando Rosso.

¿Cómo se resuelve este brete? A priori, encontrando la forma de fondear políticas públicas por fuera de los condicionantes del capital. Si no logramos eso, la democracia misma dejará de ser vista como una virtud. Ellos ya trabajan sobre la certeza de que el modelo actual es incompatible con la democracia; nosotros deberíamos partir de la otra vereda: la democracia solo sobrevive si se radicaliza hacia abajo.

«la democracia solo sobrevive
si se radicaliza hacia abajo»

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