Hay rankings que a una provincia le gustaría encabezar. Este no es uno de ellos. El último informe de Eco Go y la Universidad Austral sobre crédito a las familias ubicó a La Rioja en el primer puesto nacional de morosidad: 24,5% de todo el crédito otorgado a personas físicas está hoy en situación irregular. Es la cifra más alta de las veinticuatro jurisdicciones del país, por delante de San Luis y Santa Cruz, y muy por encima del promedio nacional, que ya de por sí preocupa: 17,5%, con veinte meses consecutivos de suba.
El dato no es un accidente estadístico de un mes. La mora riojana viene subiendo a un ritmo más acelerado que en el resto del país: creció 15,2 puntos porcentuales en el último año, la mayor suba interanual de toda la Argentina. Y si en lugar de mirar los pesos miramos a las personas, el panorama es igual de duro: el 35,4% de los riojanos con crédito tiene al menos una deuda en mora, otra vez el peor registro nacional.
¿Por qué La Rioja está peor que el resto? El informe da una pista clara. La provincia tiene la mayor dependencia del país del crédito otorgado por proveedores no financieros —plataformas de préstamos entre particulares, tarjetas no bancarias y otros prestamistas fuera del sistema bancario tradicional—. Casi 35 de cada 100 pesos de crédito riojano vienen de ese circuito, cuando el promedio nacional es del 14%. Y ese crédito no bancario tiene una morosidad que casi duplica a la del sistema financiero tradicional. En otras palabras: los riojanos recurren más que en cualquier otra provincia a un tipo de financiamiento más caro, con condiciones más duras, y eso se traduce directamente en más familias que no llegan a pagar.
El resto de la foto también es elocuente. La Rioja fue en junio la provincia con menor crecimiento del crédito real en todo el país en la comparación interanual: apenas 1,8%, contra picos de más del 13% en distritos como Buenos Aires o La Pampa. Es decir, no es que los riojanos estén tomando mucho más crédito y por eso se atrasan: el crédito casi no crece, y aun así la mora se dispara. Eso habla de ingresos que no alcanzan, de familias que ya estaban endeudadas y que ven licuarse su capacidad de pago mes a mes.
El deterioro del crédito de las familias no es un dato abstracto de un informe económico: es el termómetro más directo de cómo llega el bolsillo riojano a fin de mes. Cuando una provincia lidera la mora del país y al mismo tiempo es la que menos crece en crédito real, la lectura es doble: hay menos acceso al financiamiento formal y más gente cayendo en default con el poco crédito que consigue, muchas veces el más caro y menos regulado.
La Rioja no está sola en esta tendencia nacional a la mora en alza. Pero encabezar el ranking, y hacerlo con esa distancia, es una señal que la política económica provincial y nacional no debería mirar de reojo.



