Hoy vamos a analizar lo que pasa en el interior profundo de nuestra patria, allí donde la dignidad se defiende trabajando.
La habilitación de un nuevo parque solar en suelo riojano es un acto de soberanía para nuestra provincia y un mensaje político contundente para todo el país. En tiempos donde el centralismo asfixia, donde el Gobierno Nacional retiene de forma ilegítima y arbitraria los fondos coparticipables que le corresponden a nuestra provincia —castigándola explícitamente por su identidad peronista y federal—, La Rioja responde con gestión, orden y planificación a largo plazo.
Hagamos memoria. Esta revolución energética tiene una cronología clara que demuestra lo que es una verdadera política de Estado. Todo comenzó con la visión estratégica de fundar Arauco SAPEM. Allí, bajo un modelo de empresas con participación estatal mayoritaria, se sembró la semilla del desarrollo. Lo que empezó como una apuesta pionera por la energía eólica en el viento de Arauco, hoy se consolida combinando la fuerza del viento con la potencia del sol. Y esa visión no se detiene en un solo punto: se expande con inteligencia, apostando y ramificándose a otros rincones de la geografía provincial, transformando nuestra alta radiación y geografía en megavatios para el Sistema Argentino de Interconexión.
Esto se traduce como planificación para las próximas generaciones, no para la próxima elección.
Pero el dato más revelador del presente es cómo se logra este crecimiento. A nivel nacional se nos intenta imponer que la única forma de atraer capitales es arrodillándose ante el famoso RIGI, el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones; un esquema que entrega nuestros recursos a cambio de migajas y deja las manos vacías a las comunidades locales. La Rioja plantó bandera: no adhirió al RIGI.
Y presten atención a esto, que desmonta cualquier relato oficialista: a pesar del ahogo financiero de Nación y de no alinearse a sus recetas extractivistas, nuestra provincia sigue recibiendo importantísimas inversiones en minería y energías renovables. ¿Por qué? Porque hay previsibilidad, seguridad jurídica y recursos reales. Pero con una condición innegociable: aquí se cuida que el beneficio mayor sea para los riojanos y las riojanas, priorizando el empleo local y el desarrollo de proveedores de la región, y no para corporaciones foráneas que vienen a llevarse la riqueza dejando solo pasivos ambientales.
Frente al sálvese quien pueda y la improvisación que baja desde la Capital Federal, La Rioja demuestra que el federalismo es sinónimo de un Estado ordenado, inteligente y protector de su pueblo. Ni el frío de los fondos retenidos, ni las presiones del mercado desregulado tuercen el rumbo de una provincia que decidió ser dueña de su propio destino energético y productivo.
Es una u otra opción. Debemos mirar muy claramente a la hora de posicionarnos y sentar opinión propia, porque luego tendremos la posibilidad de elegir por dónde irá el rumbo de la provincia y es allí que debemos mostrar el poder que tenemos como ciudadanos para marcar el camino para nosotros y para nuestras generaciones futuras.
