Hay decisiones que se toman en silencio, casi a escondidas, detrás del ruido cotidiano de los escándalos menores. Mientras la atención pública se consume en las últimas declaraciones del portavoz de turno, el país firma contratos que nos van a condicionar por las próximas tres décadas. Eso es lo que está ocurriendo esta semana en la Argentina.
Hoy se abren los sobres de la licitación de la hidrovía del Paraná. Estamos hablando de la arteria comercial más importante del país, por donde sale buena parte de lo que la Argentina produce y vende al mundo. Trescientos millones de dólares anuales en peajes. Hasta diez mil millones de dólares en los próximos veinticinco años. Un negocio descomunal que se está definiendo con llamativa opacidad.
La Fiscalía Anticorrupción ya detectó irregularidades en el proceso. Y hay algo más grave todavía: una empresa brasileña presentó un peritaje forense que cuestiona la autenticidad del informe de la UNCTAD, la agencia de Naciones Unidas que el gobierno usa para avalar esta licitación. El documento habría sido redactado en Word, sin firma digital verificable, con el autor identificado apenas como «PPP», y el resumen ejecutivo vinculado en sus metadatos a un consultor privado conectado a las propias empresas dragadoras. Si eso se confirma, no es una irregularidad: es una falsificación de respaldo institucional para justificar la entrega de un recurso estratégico.
Y en paralelo, casi sin debate público, avanza la privatización de AYSA, la empresa que abastece de agua potable a quince millones de argentinos en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano. Una empresa que el propio gobierno admitió que pasó del déficit al superávit. Si da ganancias, la pregunta es elemental: ¿por qué privatizarla? La historia reciente tiene una respuesta. Cuando los franceses administraron el servicio hace treinta años, el agua salía marrón en varios municipios. La memoria institucional existe para algo.
A todo esto se suma el RIGI, el régimen de incentivos a las grandes inversiones, que prometía atraer capitales extranjeros y en la práctica funciona como un sistema de exenciones fiscales para proyectos que, en muchos casos, se iban a realizar de todas formas. Un ejecutivo de una empresa minera lo dijo sin eufemismos: van a meter todo lo que puedan en el RIGI porque las inversiones las iban a hacer igual. El resultado es una economía fragmentada en enclaves de alta rentabilidad y baja generación de empleo, rodeada de pymes que se asfixian y una informalidad laboral que crece sin freno.
La inflación duele hoy. Pero lo que se está negociando ahora va a doler durante generaciones. El problema no es solo económico: es de soberanía. Cuando se privatiza el agua, cuando se entrega la hidrovía con documentos de dudosa procedencia, cuando se regalan exenciones impositivas por décadas, no se está gestionando un Estado. Se está liquidando uno.
Esa es la conversación que merece estar en el centro del debate público. No mañana. Ahora.
Nota al Pie:
Flujo anual en dólares de la Hidrovía Paraná-Paraguay
El dato central
En 2024, la hidrovía generó exportaciones por más de 30.000 millones de dólares, representando el 80% de las exportaciones totales de granos y derivados de Argentina. El total de exportaciones del país ese año fue de 79.000 millones de dólares.
En volumen físico
Pasan más de 4.500 buques por año y se transportan más de 20 millones de toneladas anuales de carga. El complejo portuario del Gran Rosario es el segundo polo agroexportador más grande del planeta, después del de Nueva Orleans.
Lo que recauda el Estado
Solo en concepto de retenciones, las terminales del Gran Rosario aportaron al Estado nacional más de 2.900 millones de dólares en 2024.
Lo que recauda el concesionario (peajes)
El pliego de licitación proyecta un ingreso promedio de 618,6 millones de dólares anuales en peajes durante el período base de concesión de 25 años.
El negocio total de la concesión
La nueva licitación prevé inversiones y operación superiores a 10.000 millones de dólares a lo largo de los 30 años del contrato.
Perspectiva a futuro
La proyección para 2026 apunta a que las exportaciones totales argentinas superen los 98.000 millones de dólares, con el complejo oleaginoso-sojero, el petrolero y el minero como principales motores, lo que haría aún más estratégica la hidrovía.
En síntesis: por la hidrovía circula el 38% del total de exportaciones argentinas en dólares, lo que la convierte en la infraestructura comercial más crítica del país. El dato que usó el editorial (300 millones en peajes) quedó bastante por debajo de la cifra real proyectada en el pliego: más del doble, cerca de 620 millones anuales.
