Nudo en la garganta
El 24 de marzo cumplen años los muertos.
Cincuenta velas negras en una torta de silencio.
Las Madres las soplan
y el aire no alcanza.
En mi programa voy a evocar,
pero la garganta es un pozo donde flotan
pedazos de 1976.
Recordar es un oficio que ejercimos con uñas y dientes,
y ahora viene un gobierno con borradores nuevos
a decir que todo fue un accidente,
que los huesos son restos de otra cosa,
que los nietos pueden seguir llamando apropiador al que los tuvo.
La sociedad votó.
Eso duele más que cualquier represión.
Votaron con mano tibia,
con el bolsillo ardido,
con el odio bien peinado por la tele.
Y nosotros acá,
con cincuenta años de archivo,
cincuenta testimonios grabados en la radio
que suenan como misiles cayendo en un desierto.
La palabra se ahoga.
No porque no haya palabras,
sino porque el silencio que votaron pesa más.
Es un naufragio letal,
de esos donde el agua no mata,
sino la indiferencia del que mira desde la orilla.
Pero igual,
voy a ir a la radio.
Voy a poner la voz,
aunque sea un hilo.
Porque si las Madres siguen,
¿cómo no voy a seguir yo?
Ellas que parieron memoria
en la plaza más dura del mundo.
No es nostalgia lo que me aprieta el pecho,
es la certeza de que el tiempo, acá,
envejece distinto.
Uno se vuelve un reloj que atrasa cincuenta años
y adelanta el final de todo.
El 24 de marzo cumple años
la decisión de no dejarlos solos.

