El reciente dato de pobreza difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), que ubicó el índice en el 28,2% durante el segundo semestre de 2025, abrió un nuevo frente de discusión política y económica. Mientras el Gobierno destacó la caída respecto del 31,6% del semestre anterior y del 38,1% registrado en igual período de 2024, distintos analistas y sectores críticos advirtieron que la mejora resulta limitada, discutible desde lo metodológico y contradictoria con otros indicadores sociales.
El descenso fue presentado como el nivel más bajo desde 2018 y celebrado por el Ministerio de Economía. Sin embargo, especialistas remarcan que, aun con la reducción, el panorama continúa siendo preocupante: casi uno de cada tres argentinos permanece bajo la línea de pobreza y la brecha entre ingresos y costo de vida sigue siendo elevada. De acuerdo con el propio informe, los hogares pobres registran ingresos promedio 35% por debajo de la canasta básica total, estimada en torno a $1.220.000, mientras que el ingreso medio del segmento alcanzó los $783.500.
Uno de los datos más alarmantes del informe es la situación de la infancia. La pobreza entre menores de 14 años alcanzó el 41,3%, consolidando a este grupo como el más afectado por la crisis socioeconómica. La persistencia de estos niveles, sostienen los analistas, pone en evidencia que la eventual mejora promedio no se traduce en una reducción homogénea del deterioro social.
A la par, surgieron cuestionamientos sobre la metodología utilizada para medir la pobreza. Entre ellos, se señala que la canasta básica total aún se basa en la estructura de consumo de la Encuesta de Gastos de los Hogares de 2004, pese a existir una actualización de 2018 que otorga mayor peso a servicios como telecomunicaciones, internet y plataformas digitales. En un contexto donde los servicios aumentaron por encima de los alimentos, el uso de una canasta desactualizada podría subestimar la cantidad de personas bajo la línea de pobreza.
Otro punto controvertido es el incremento reportado en los ingresos informales. Según los datos analizados, estos habrían aumentado 565% desde el inicio de la actual gestión, mientras que los salarios registrados del sector privado crecieron en línea con la inflación, alrededor del 332%. La magnitud de esa diferencia genera dudas sobre la consistencia del indicador, ya que el crecimiento de los ingresos no registrados no se condice con la percepción general del mercado laboral.
Además, el descenso de la pobreza contrasta con otros indicadores oficiales: aumento del desempleo, mayor pluriempleo, crecimiento de la informalidad y caída del consumo masivo. Entre los ejemplos citados, se menciona una reducción del 25% en el consumo de leche respecto de dos años atrás, un dato difícil de compatibilizar con una mejora sostenida del poder adquisitivo.
El análisis trimestral también introduce matices. Aunque el promedio del segundo semestre de 2025 marca una baja, el último trimestre del año habría mostrado un repunte cercano al 30%, anticipando un posible cambio de tendencia. A ello se suman factores como la desaceleración de los ingresos, el congelamiento del bono jubilatorio y la pérdida de poder adquisitivo de transferencias sociales.
Más allá de la discusión metodológica, economistas coinciden en que el comportamiento de la pobreza responde en parte a la desaceleración inflacionaria posterior a la fuerte devaluación inicial, que primero elevó el índice y luego permitió una moderación parcial. Sin embargo, advierten que cada ciclo de ajuste tiende a dejar un “piso” más alto, consolidando niveles estructurales de pobreza cada vez mayores.
En ese marco, el debate ya no se limita a si el indicador bajó o no, sino a cuál será el nuevo umbral social que dejará el actual programa económico y si la tendencia podrá sostenerse frente al estancamiento productivo y la fragilidad del mercado laboral. Mientras el oficialismo celebra la reducción, las críticas apuntan a que la mejora podría ser transitoria y no reflejar la experiencia cotidiana de amplios sectores de la población.
