El Parlamento del Norte Grande volvió a latir con fuerza federal desde La Rioja, consolidándose como el espacio de integración regional por excelencia que tiene la República Argentina. En su quincuagésima novena reunión plenaria, las voces de la vicegobernadora anfitriona Teresita Madera, del presidente del Parlamento Carlos Silva Neder y del gobernador Ricardo Quintela convergieron en un mensaje común: la defensa intransigente de las autonomías provinciales frente a un modelo centralista que asfixia a las economías regionales.
Lejos de constituir un cónclave partidario u opositor, las tres alocuciones coincidieron en perfilar al Norte Grande como la voz unificada de diez provincias hermanadas por la historia, el sacrificio y, lamentablemente, por las profundas asimetrías que impone el poder central. Desde suelo riojano se advirtió con crudeza sobre la falacia de los superávits fiscales nacionales construidos a espaldas del interior: una arquitectura económica sostenida sobre la retención indebida de fondos coparticipables, el incumplimiento en la asignación de recursos viales y la retirada sistemática del Estado en materia de salud, educación y obra pública.
El diagnóstico compartido expuso una realidad social acuciante. El ajuste nacional no recae sobre castas privilegiadas, sino sobre familias endeudadas para poder comer, un tejido social lacerado, el incremento de la desocupación, la caída estrepitosa de la industria y el turismo, y un agobio generalizado que golpea la salud mental de las comunidades. Frente a este panorama de desolación y ausencia de horizontes, la respuesta del Norte Grande no puede ser el silencio cómplice ni la parálisis.
Aquí radica el eje vertebrador de la postura regional: la acción política decidida como trinchera de resistencia y construcción de futuro. Mientras el gobierno central desatiende las obligaciones esenciales consagradas por la Constitución, los gobiernos locales reafirman que la unidad y la gestión creativa son el único escudo para proteger a la gente. Ejemplo claro de ello es la decisión política de la administración riojana de amortiguar el impacto tarifario energético, sostener planes alimentarios y mantener viva la obra pública y el turismo a pesar del ahogamiento financiero.
El mensaje que emana de este Parlamento interpela directamente a sus legisladores y dirigentes: es imperativo pasar de la retórica y del debate de proyectos a la acción firme y articulada ante los poderes nacionales. Las conclusiones de este encuentro federal deben traducirse en documentos de exigencia concreta firmados por los representantes de todo el arco político, despojándose de sectarismos partidarios y priorizando el bienestar de los habitantes del norte argentino.
La Rioja se plantó una vez más como tierra de federalismo en serio, heredera de una estirpe brava que no se arrodilla ante la opresión. La consigna que resuena desde este plenario es clara: el destino de nuestras provincias no se contempla desde la ventana; se construye con estrategia, memoria colectiva y un profundo amor por la patria chica y la patria grande.



