Nos detenemos a reflexionar un poco sobre una de las volteretas discursivas más desconcertantes de la política contemporánea argentina. Resulta que Javier Milei, el presidente que durante su campaña se jactaba de su admiración por Margaret Thatcher, y que hablaba de ser el León, y no un «gatito mimoso y sumiso» frente a los poderes tradicionales, hoy nos muestra otra realidad.
¿Acaso nos creen ingenuos? La narrativa oficial ha cambiado de eje de manera radical. La verdad es que Las Malvinas ya no son solo un territorio en disputa soberana, sino que se han convertido en la pieza clave de un nuevo escenario geopolítico alineado estrictamente con los intereses de sus principales patrones: los Estados Unidos de Donald Trump y el sionismo internacional.
Hagamos memoria. Fue el propio Donald Trump quien primero colocó a las Malvinas en la agenda pública al deslizar que su administración revisaría la postura de Washington sobre el archipiélago. Y bastó una llamada telefónica, un fugaz intercambio de coordinación con el equipo estadounidense, para que desde la Casa Rosada se apresuraran a agradecerle efusivamente. De pronto, el mandatario que antes minimizaba la causa y subordinaba la política exterior, y decía que los kelpers deben ser los que decidan si quieren ser argentinos; salió a asegurar que las Malvinas son «la causa más importante y sagrada de los ciudadanos argentinos«. Una contradicción monumental que salta a la vista cuando se entrega el manejo geopolítico a potencias extranjeras y a empresas como la británica Navitas Petroleum, operando en la zona.
Aquí radica la verdadera clave de este giro. Las Malvinas ejemplifican a la perfección cómo opera el actual orden colonial. Ya no se trata únicamente de entrar para depredar recursos de forma transitoria; se trata de ocupar de manera permanente para extraer riqueza y, al mismo tiempo, consolidar plataformas de despliegue estratégico, tecnológico y militar. El alineamiento automático con Tel Aviv y Washington no busca la recuperación de nuestras islas; busca integrar a la Argentina dentro de una triangulación geopolítica donde los intereses nacionales quedan subordinados a mandatos ajenos.
Milei ha pasado de ser el «gatito dócil» del emperador naranja a convertirse en el muñeco de un ventrílocuo, el títere del titiritero. Y por eso, debemos estar muy atentos. Como bien señala la resistencia palestina y los sectores soberanistas en nuestra región, la única resistencia real frente a este bloque de poder transnacional es la defensa inclaudicable de la dignidad de los pueblos.
Las Malvinas no son una moneda de cambio, ni una cortina de humo para ocultar crisis internas, ni mucho menos un adorno retórico para complacer a embajadas extranjeras. Las Malvinas son argentinas. Y ningún pacto geopolítico de ocasión podrá borrar jamás el reclamo histórico de un pueblo que, tarde o temprano, volverá a levantar las garras para exigir soberanía y justicia plena.
Referencias:
El sionismo es un movimiento político y nacionalista que defiende el derecho del pueblo judío a tener un Estado soberano en su tierra histórica Sionismo.
Origen e Historia
- Nacimiento: Surgió a finales del siglo XIX en Europa como respuesta a la persecución y al aumento del antisemitismo.
- Primer Congreso: El líder Theodor Herzl organizó el primer encuentro en 1897 y fundó la Organización Sionista Mundial para coordinar los esfuerzos globales del movimiento.
- Objetivo cumplido: La meta principal de crear una patria segura se hizo realidad en 1948 con la fundación del Estado de Israel. [1, 2, 3]
¿Qué es el sionismo internacional?
- Red global: Describe la red de organizaciones, federaciones y comunidades en distintos países que colaboran para apoyar cultural, política y económicamente a Israel.
- Vínculo con la diáspora: Mantiene la conexión entre los judíos que viven fuera de Israel y el Estado judío.



