A jugar con Dios
Se fue uno de los atletas más trascendentes en todo el planeta. El brasileño que quedará por siempre en la eternidad como «El Rey» que dominó por completo una era del fútbol.
Edson Arantes do Nascimento «Pele» nació el 23 de octubre de 1940 en Tres Corazones, en Minas Gerais y su infancia estuvo marcada por dos ilusiones: tratar de ser jugador de fútbol como su padre, y revertir la historia de la selección de su país ganando una Copa del Mundo tras el fracaso en el Mundial de 1950 en el Maracaná ante Uruguay, cuando él tenía sólo nueve años y sufrió mucho aquella situación.
Pelé es considerado por muchos como el mejor futbolista del siglo.
Comenzó a jugar fútbol como se comienza a jugar en Brasil: en las calles, con sus compañeros de escuela o con sus vecinos. Sin embargo, su carrera como futbolista profesional comenzó a los 13 años cuando se integró a los juveniles del Club Atlético de Baurú.
Su primer entrenador fue Valdemar de Brito, un futbolista que jugó con la selección nacional brasileña en la Copa Mundial de 1934. Fue De Brito quien llevó a Pelé al equipo Santos de San Pablo; y con el Santos, vino la consagración y los mundiales.
Debutó ante el Corinthians de Santo André convirtiendo un gol, aunque su primer partido oficial fue ante el Cubatao el 7 de setiembre de 1956 con 15 años, y otro gol. Ganó ese torneo paulista como goleador del equipo, y luego, la Copa Río-San Pablo de 1957.
Si bien era conocido en Brasil, no lo era en el concierto internacional, tanto es así que se guarda en Santos como un gran documento cuando desde un club de Porto Alegre le pidieron prestado un jugador y el club paulista ofreció a Pelé. El telegrama de respuesta fue “Pelé no interesa, manden a Pagao”, un veterano futbolista, casi retirado.
Esto cambió con un torneo organizado en el Maracaná con equipos brasileños y europeos (tres goles a Belenenses de Portugal, y uno a cada uno al Dynamo de Yugoslavia, Flamengo y San Pablo) y así logró que el DT de Brasil, Vicente Feola, lo convocara cuando no llevaba un año de profesional. El 7 de julio de 1957 debutó contra Argentina por la Copa Roca en el Maracaná (ganó Argentina 2-1, entró en el segundo tiempo cuando la gente coreó su nombre, y le marcó el gol a Amadeo Carrizo aunque luego del empate, el Gitano Juárez desniveló). Había nacido una estrella, y anotó uno de los dos goles del 2-0 a Argentina tres días después en el Pacaembú.
En la final del mundial del 58 y con tan sólo 17 años, Pelé fue toda una revelación: dos goles espectaculares del joven futbolista dieron a Brasil un triunfo demoledor de 5 – 2 contra Suecia, el equipo anfitrión.
A la copa mundial de 1958 siguieron otros mundiales para Pelé: en «Chile 62» una lesión muscular le impidió participar en casi todos los encuentros. Sin embargo, aún así, logró anotar un gol memorable en el primer partido contra México.
Su siguiente copa mundial fue «México 70». Ahí exhibió lo mejor de su talento. En 1969 Pelé anota su gol número 1000.
En octubre del 1974 se retira del Santos para reaparecer un año más tarde en el Cosmos de Nueva York. Pelé jugó su último partido en Nueva Jersey el 1 de octubre de 1977.
Pocas veces resultó tan sencillo describir al fútbol como fenómeno. Decir “Pelé” lo resume todo y no necesita traducción en ningún lugar del planeta. Tres títulos mundiales de selecciones, dos de clubes y 1283 goles en su carrera podrían acabar con cualquier comparación, pero el genio de Brasil fue mucho más que eso. Representa la belleza del juego, la maravilla del espectáculo. A los 82 años, y tras convivir durante meses contra una delicada enfermedad que deterioró su salud, este jueves 29 de diciembre murió en el Hospital Albert Einstein de San Pablo. El eterno rey ahora es una leyenda.

@ariaiellook
