miércoles, agosto 19, 2026
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Meta, en el banquillo: 29 estados de EE.UU. acusan a Facebook e Instagram de enganchar a los menores

El juicio que puede cambiar las reglas de las redes sociales también interpela a la Argentina: qué hay detrás del “scroll infinito”, las notificaciones y los algoritmos que buscan retener a los adolescentes frente a la pantalla.

OAKLAND, CALIFORNIA. — Facebook e Instagram quedaron en el centro de uno de los mayores cuestionamientos judiciales contra una compañía tecnológica en Estados Unidos. Una coalición de 29 estados acusa a Meta de haber diseñado sus plataformas para generar un uso compulsivo entre niños y adolescentes, de conocer los riesgos asociados y de haber minimizado públicamente esas consecuencias.

El juicio comenzó en un tribunal federal de Oakland y podría extenderse durante unas siete semanas. El proceso pone bajo la lupa decisiones de diseño que millones de usuarios consideran cotidianas: el desplazamiento infinito de contenidos, las notificaciones, los “likes”, las recomendaciones algorítmicas y los mecanismos destinados a mantener al usuario conectado.

La acusación sostiene que Meta conocía problemas vinculados con el bienestar de los jóvenes y que, pese a ello, priorizó el crecimiento de sus plataformas y el tiempo de permanencia de los usuarios.

Uno de los principales testigos es Arturo Béjar, exingeniero y consultor de Meta, quien declaró que la empresa recibió advertencias internas sobre problemas de seguridad y salud mental de usuarios jóvenes y que esas preocupaciones no fueron atendidas adecuadamente.

EL DATO

El caso no se limita a determinar si un adolescente puede pasar demasiadas horas mirando Instagram. La discusión judicial apunta a una cuestión mucho más profunda: si una plataforma tecnológica puede ser considerada responsable cuando su propio diseño favorece comportamientos compulsivos en menores.

¿Por qué este juicio importa en Argentina?

Aunque el proceso se desarrolla en California, sus consecuencias podrían trascender ampliamente las fronteras estadounidenses.

Instagram y Facebook son plataformas globales. Por eso, cualquier cambio significativo en la forma en que Meta diseña sus productos —por ejemplo, modificaciones en los sistemas de recomendación, controles de edad, notificaciones o herramientas de supervisión parental— podría terminar aplicándose también a usuarios argentinos.

Y el debate llega a un país donde la protección de niños y adolescentes frente a los riesgos digitales ya comenzó a ocupar un lugar central.

La Agencia de Acceso a la Información Pública (AAIP) ha advertido sobre la necesidad de proteger especialmente la privacidad de niños, niñas y adolescentes en los entornos digitales y recomienda, entre otras medidas, limitar la exposición de información personal.

Al mismo tiempo, en Argentina existen iniciativas legislativas que buscan establecer mayores restricciones para las cuentas de menores y reforzar el consentimiento parental. Un proyecto analizado recientemente plantea, entre otras medidas, limitar las cuentas para menores de 13 años y establecer requisitos de autorización parental para determinadas franjas de edad.

El problema no es solamente cuánto tiempo pasan conectados

El punto central que plantea el caso estadounidense es diferente.

La pregunta no es simplemente si los padres deberían controlar cuánto tiempo utilizan el celular sus hijos.

La pregunta es también qué hacen las plataformas para conseguir que ese adolescente vuelva una y otra vez a la aplicación.

Un adolescente puede entrar a Instagram para responder un mensaje y terminar media hora después mirando videos recomendados. Puede abrir Facebook por una notificación y continuar navegando por contenidos que el algoritmo selecciona automáticamente.

Ese mecanismo es precisamente el que los fiscales estadounidenses pretenden colocar bajo la lupa.

La acusación sostiene que determinadas funciones fueron diseñadas para incrementar el tiempo de permanencia y el nivel de interacción de los usuarios jóvenes. Meta, por su parte, rechaza que haya buscado generar adicción y sostiene que ha desarrollado herramientas específicas para proteger a los adolescentes.

¿Qué podría cambiar para los adolescentes argentinos?

Si el proceso termina obligando a Meta a modificar sus productos, podrían aparecer cambios en cuestiones como:

• Mayor verificación de edad.
Las plataformas podrían aumentar los controles para impedir que niños pequeños accedan a servicios destinados a mayores.

• Más herramientas para padres.
Podrían ampliarse los controles sobre horarios, contenidos, contactos y tiempo de utilización.

• Cambios en el algoritmo.
Una eventual regulación podría limitar determinadas formas de recomendación automática de contenidos para menores.

• Menos mecanismos de captura de atención.
Funciones como el desplazamiento infinito, las notificaciones permanentes o determinadas modalidades de interacción podrían ser modificadas.

• Mayor responsabilidad sobre los datos.
El tratamiento de información personal de niños y adolescentes podría quedar sometido a controles más estrictos.

Una discusión que recién comienza

El juicio contra Meta forma parte de una ofensiva judicial mucho más amplia contra las grandes plataformas tecnológicas. Meta enfrenta además otros procesos relacionados con los efectos de sus productos sobre los jóvenes, mientras compañías como TikTok, Google y Snap también enfrentan demandas similares en Estados Unidos.

Por eso, lo que ocurra en Oakland podría convertirse en un precedente para toda la industria.

Para Argentina, el debate plantea una cuestión inevitable: ¿alcanza con decirles a los padres que controlen el celular de sus hijos o también debe exigirse a las plataformas que diseñen productos más seguros para quienes todavía están formando su personalidad, sus hábitos y su relación con el mundo?

La respuesta puede terminar definiendo la próxima generación de redes sociales.

Y mientras los abogados discuten en California, millones de adolescentes argentinos continúan haciendo algo aparentemente sencillo: deslizar el dedo hacia arriba.

Una vez.

Y otra.

Y otra.

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