En medio de tensiones y descontento, la Confederación General del Trabajo (CGT) enfrenta una ola de críticas por la manera en que se armó la nueva conducción desde Buenos Aires. Varios gremios han denunciado que el proceso fue llevado a cabo de forma inconsulta, lo que ha puesto en entredicho la representatividad del nuevo triunvirato.
Los secretarios generales de diferentes sindicatos expresaron su malestar tras descubrir el lugar que ocupan en la nueva comisión directiva. Muchos se mostraron sorprendidos al enterarse de sus nuevas funciones, las cuales consideran impuestas y no solicitadas. “Mucha fue la sorpresa cuando nos enteramos que estábamos en una secretaría que no pedimos”, declaró un líder gremial que prefirió mantener el anonimato ante la serie de presiones que se ejercieron a través de su federación nacional para que se incorpore a la CGT diseñada por Horacio Otero.
Además, los dirigentes denunciaron que se les presentó una «fotocopia de una planilla con la firma de Otero» que debían firmar. “Hoy nos enteramos quiénes van a conducir el triunvirato y no coincidimos porque no tienen representatividad sindical”, añadió otro secretario general, subrayando el sentir generalizado de desconfianza hacia la nueva estructura. «Hay muchos dirigentes que no los conocemos y nunca hemos tenido trato con ellos», en alusión a Daniel Mercado (UPCN), Sebastián Di Fiori (UOCRA) y Eduardo Peña (SETIA).
El rechazo se agudiza ante la ausencia de diálogo y la falta de consideración hacia la representatividad de los gremios en este nuevo diseño de la CGT local. Según los denunciantes, la designación de cargos fue realizada por el delegado normalizador, Horacio Otero, quien telefónicamente informó a los dirigentes sobre el esquema de la nueva CGT sin consultarles previamente, lo que acentúa el sentimiento de descontento entre los líderes sindicales. “Llamó Horacio Otero para decirnos dónde y quiénes van a encabezar la CGT, desconociendo a la dirigencia provincial», añadió la gremialista consultada. En este contexto, la dirigente afirmó: “Para Otero lo legal es ilegal y lo ilegal es legal. Estamos todos locos”, reflejando el caos y la frustración dentro de la organización.
A esto se suma que, según los dirigentes, las firmas de los cargos se vienen haciendo firmar de forma individual desde hace más de 30 días. Citaban a UPCN o los visitaban por los gremios, lo que fue realizado principalmente por Mercado (UPCN), Peña (taxistas) y Navarro (Aguas Riojanas). “Nunca hubo ni una reunión”, recalcaron, evidenciando la falta de un proceso participativo en la toma de decisiones.
Estos incidentes revelan una clara fractura en la cohesión del movimiento sindical, donde la falta de consulta ha generado resentimiento y una sensación de impotencia. Los gremios, que esperaban un proceso democrático y participativo, ahora enfrentan el desafío de cohesionar intereses y construir un liderazgo que represente verdaderamente a sus bases.
A medida que el malestar crece, se aguarda una reacción de los sindicatos afectados, que se están organizando para exigir una revisión del proceso y buscar una mayor inclusión en la toma de decisiones dentro de la CGT. La situación plantea interrogantes sobre la gobernabilidad interna del movimiento obrero y el futuro de las luchas sindicales en un contexto marcado por la polarización política y la crítica hacia la dirigencia sindical.

