martes, agosto 25, 2026
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La Soberanía Mutilada y la Trampa de la Usura

¿En qué momento nos acostumbramos a que la Patria se subaste por fragmentos mientras miramos para otro lado? Hoy la realidad nos acorrala con dos postales de una misma tragedia argentina: la pérdida absoluta del control sobre nuestro territorio y la asfixia cotidiana en los bolsillos de la gente.

Miren lo que pasó en Tierra del Fuego. Un petrolero con bandera británica, el BS Promise, atracó impunemente en el puerto de Ushuaia. Un buque de casi dos cuadras y media de largo parado en la cuna de nuestra memoria de Malvinas, llevándose el crudo extraído en nuestras propias costas. Y mientras la población se indigna y las jurisdicciones se tiran la culpa entre el gobierno provincial y el nacional, la impunidad avanza. Porque esto no es solo un descuido administrativo; es la consecuencia directa de entregar nuestros recursos a multinacionales que perforan ilegalmente en Malvinas mientras obtienen permisos oficiales para operar en el continente.

Nos hablan de una soberanía que se “ejerce” mientras compran tanques viejos y blindados a Estados Unidos, pero en los hechos le abren la puerta de par en par a empresas británicas para que saquen nuestro petróleo. La soberanía no se declama con discursos iracundos ni se compra en liquidaciones de armamento; se defiende protegiendo el suelo, el mar y los recursos estratégicos.

Pero la indefensión no termina en el fin del mundo; se mete por la puerta trasera de millones de hogares. Pasamos de la soberanía mutilada a la usura descontrolada. Hay siete millones de argentinos atrapados en la trampa mortal del endeudamiento. Familias acorraladas que pidieron un crédito en una billetera virtual o una fintech para comprar comida o pagar la luz, y que hoy enfrentan tasas delirantes e impagables.

Cuando el sistema bancario le suelta la mano a los trabajadores, la gente cae en las billeteras virtuales; y cuando las fintech extorsionan con intereses usureros, las familias terminan en manos de los prestamistas de barrio, vinculados al narcomenudeo. El resultado ya lo vemos en las calles: extorsiones, balaceras y familias amenazadas con perder sus casas por haber pedido un millón de pesos para llegar a fin de mes. Y ante este drama social, ¿cuál es la respuesta oficial? Un dogmatismo cruel que califica la desesperación popular como un «problema entre privados» y exige que la gente «aprenda» a golpes de miseria.

Señores: no hay libertad posible cuando se entrega el territorio al mejor postor y se abandona a los ciudadanos a la voracidad de la usura. La soberanía territorial y la soberanía económica son las dos caras de una misma moneda. Sin un Estado que controle los mares y proteja a su pueblo, la patria deja de ser una nación para convertirse en una tierra de nadie.

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