Llevamos casi un año con el gobierno nacional insistiendo en una fantasía: el dólar anclado, la promesa de una inflación con «cero coma algo» para este segundo semestre de 2026 y una narrativa de «estabilidad» que la realidad pulveriza día a día. El propio INDEC confirmó que la inflación interanual supera el 30% y que septiembre superó a agosto. Mientras Argentina se vuelve impagable en dólares —más cara para comer y vestirse que en Europa o Estados Unidos—, el consumo cae, el turismo nacional se desploma y los grandes operadores financieros desarman sus posiciones en pesos porque ya no le creen ni a Caputo ni a Bausili.
Tiran números aleatorios sin ningún sustento real: un día Milei dice que tiene 125.000 millones de dólares de «poder de fuego» y al otro día Caputo en París habla de 75.000 millones mezclando swaps, deudas y reservas imaginarias. La improvisación es total. En su desesperación por agitar fantasmas electorales, acusan a la oposición (Kicillof) de ser «el anticristo», metiéndole más miedo al mercado y empujando, de tanto nombrarla, la mismísima corrida cambiaria que dicen querer evitar.
Pero mientras en el Palacio de Hacienda la economía se reduce a una timba financiera para beneficio de unos pocos amigos del poder —marcada por una opacidad y sospechas de corrupción que ya no se pueden ocultar—, en el interior profundo del país la historia se escribe con otra dignidad.
Aquí, en La Rioja, asistimos a un contrapunto ético y político fundamental. Nuestra provincia padece de manera directa el asfixiante recorte de envíos de recursos por parte de la Nación. Sin embargo, frente al ajuste salvaje y a la entrega a libro cerrado que propone el régimen del RIGI nacional, La Rioja resiste y mantiene un rumbo soberano.
El gobierno provincial encabezado por Ricardo Quintela ha demostrado que se puede atraer inversión estratégica y sostener la minería con desarrollo local sin someterse al RIGI, defendiendo los recursos que pertenecen a los riojanos. La Rioja apuesta fuerte al futuro: diversifica su matriz productiva liderando la generación de energías renovables —eólica y solar— y potencia el turismo sostenible como motor real de trabajo e ingresos para nuestras familias.
Poco a poco, la gestión de Quintela logra imponer un modelo de gobierno a favor de la gente, donde la obra pública, la producción y el salario no son malas palabras, sino pilares de la justicia social. Es la contraposición exacta al modelo del gobierno central: allá, un esquema especulativo que empobrece a las mayorías y favorece a castas de financieros; acá, un Estado presente que administra con responsabilidad, defiende el federalismo y pone la economía al servicio del desarrollo humano.
Frente a la incertidumbre y la amenaza constante del abismo macroeconómico que nos vende la Rosada, La Rioja demuestra que hay otro camino posible. Un camino con producción, con soberanía energética, con trabajo genuino y con la mirada puesta en el bienestar de nuestro pueblo.



