Nueva York / Caracas / Buenos Aires.
La agenda internacional del martes 6 de enero estuvo marcada por un giro relevante en la narrativa sobre Venezuela. El Departamento de Justicia de Estados Unidos reconoció, según informó The New York Times, que el llamado “Cartel de los Soles” no existe como una organización criminal estructurada, abandonando así una de las principales tesis utilizadas durante años para justificar la presión política, judicial y militar contra el gobierno venezolano.
La idea del “Cartel de los Soles” fue central en la construcción del relato impulsado por la primera administración de Donald Trump, que llegó a presentar a Nicolás Maduro como jefe de una organización narcoterrorista y a catalogar al supuesto cartel como grupo terrorista. Esa narrativa fue replicada por gobiernos y sectores políticos de derecha en América Latina, incluidos Argentina y Chile, y amplificada por numerosos medios de comunicación de la región.
Sin embargo, el propio Departamento de Justicia estadounidense reformuló ahora su acusación y reconoce implícitamente lo que especialistas vienen señalando desde hace años: no se trata de un cártel con jerarquía, estructura y mando unificado, sino de una red difusa de hechos de corrupción y sobornos vinculados al narcotráfico dentro del Estado venezolano. Una diferencia clave que, según analistas, invalida el uso del término “cártel” en sentido jurídico y político.
Maduro y Cilia Flores se declaran no culpables en Nueva York
En este contexto, Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, comparecieron el lunes ante un tribunal federal de Nueva York, donde se declararon no culpables de los cargos de narcoterrorismo y conspiración para importar cocaína. Durante la audiencia, Maduro afirmó ser el “presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela” y se definió como “prisionero de guerra”, alegando haber sido secuestrado en una acción militar de Estados Unidos y amparándose en los tratados de Ginebra.
Periodistas presentes en la sala relataron una escena inusual: Maduro ingresó esposado de los pies, saludó irónicamente al público con un “Happy New Year” y reiteró su postura política ante el juez, marcando el inicio de una batalla judicial que promete extenderse en el tiempo.
Delcy Rodríguez asume como presidenta interina
Mientras Maduro declaraba ante la justicia estadounidense, en Caracas se producía un rápido reordenamiento institucional. Delcy Rodríguez, hasta entonces vicepresidenta, juró como presidenta interina tras una decisión del Tribunal Supremo de Justicia, con respaldo explícito de las Fuerzas Armadas. La asunción fue acompañada por la apertura de una nueva legislatura, dominada por una amplia mayoría chavista, y por la continuidad de Jorge Rodríguez al frente de la Asamblea Nacional.
A pesar del impacto del secuestro de Maduro y de los bombardeos estadounidenses del fin de semana, el núcleo del poder político en Venezuela permanece prácticamente intacto. Las principales figuras del chavismo continúan en sus cargos y el aparato estatal muestra señales de control y normalidad, reforzadas por la presencia pública del ministro del Interior, Diosdado Cabello, en las calles de Caracas.
Incertidumbre, petróleo y negociaciones en curso
El nuevo escenario abre múltiples interrogantes. Entre ellos, el futuro de los negocios petroleros estadounidenses en Venezuela y el rol que jugará el gobierno interino de Delcy Rodríguez en garantizar —o no— esos intereses. También persisten dudas sobre si el objetivo real de Washington era un cambio de régimen o una reconfiguración del poder sin desplazar al chavismo del control del Estado.
En paralelo, la oposición venezolana, encabezada por María Corina Machado, quedó relegada a un segundo plano. Sus intentos de ganar apoyo internacional, incluida la controvertida propuesta de postular a Donald Trump al Premio Nobel de la Paz, evidencian su debilidad interna y su dependencia de decisiones tomadas fuera del país.
Protestas en Argentina y rechazo regional
La intervención estadounidense generó protestas en varios países de la región. En Argentina, organizaciones sociales, sindicales, políticas y de derechos humanos se movilizaron hacia la Embajada de Estados Unidos para repudiar el ataque a Venezuela. También hubo manifestaciones en Brasil y otros países bajo consignas históricas contra el intervencionismo estadounidense en América Latina.
Dirigentes como Juan Grabois y Myriam Bregman calificaron la acción como una violación del derecho internacional y alertaron sobre una avanzada imperialista que pone en cuestión la soberanía regional, en un contexto de creciente debilidad de los organismos multilaterales y del sistema de gobernanza global surgido tras la Segunda Guerra Mundial.
Una historia en desarrollo
Analistas coinciden en que el escenario sigue abierto. La rápida reorganización del poder en Caracas, la redefinición del discurso judicial en Estados Unidos y las tensiones geopolíticas más amplias —que incluyen nuevas amenazas sobre América Latina y otras regiones estratégicas como Groenlandia— configuran un tablero inestable, donde la negociación parece haber reemplazado, al menos por ahora, a la ruptura total.
Lo ocurrido en Venezuela marca un punto de inflexión, pero no un cierre. Las próximas semanas serán clave para entender si este reordenamiento consolida un nuevo equilibrio o si abre una etapa de mayor confrontación internacional.
