Un reconocido médico ginecólogo de la ciudad de Resistencia fue detenido en las últimas horas en el marco de una causa judicial que investiga graves delitos contra la integridad sexual y mala praxis. La investigación, que ya acumula al menos una decena de denuncias formales, sacó a la luz un patrón sistemático de abuso de poder y manipulación psicológica ejercido durante años bajo la fachada de la práctica profesional.

El caso escaló judicialmente tras una serie de allanamientos que culminaron con la detención del profesional. De acuerdo con los testimonios incorporados al expediente, el imputado utilizaba el ámbito de su consultorio —y en algunos casos encuentros particulares— para vulnerar a sus pacientes. Las víctimas relataron que, en lugar de realizar el historial médico habitual o enfocarse en cuestiones de salud, el médico desviaba la consulta hacia conversaciones de índole personal e íntima sobre los vínculos de las mujeres, para luego someterlas a revisiones físicas inapropiadas, maniobras invasivas injustificadas y diagnósticos alarmantes que no padecían.
Entre los testimonios clave se encuentra el de Carla Errán, una de las denunciantes, quien relató cómo acudió a su primera consulta ginecológica y fue víctima de comentarios desubicados y prácticas abusivas con el transductor durante una ecografía. Errán destacó la valentía colectiva de las mujeres para romper el silencio y cuestionó el accionar inicial de la fiscalía interviniente, señalando la diferencia de criterios con la fiscalía a cargo de la doctora de Charry, cuya intervención resultó determinante para ordenar los allanamientos y concretar la detención. Asimismo, advirtió sobre la manipulación de historiales clínicos y la dificultad para visibilizar las denuncias debido a la aparente supresión de reseñas negativas en plataformas digitales.
Por su parte, otra de las víctimas, identificada como Romina, aportó un testimonio aún más grave sobre un hecho ocurrido en el domicilio del médico en 2022. La joven relató haber sido citada bajo el pretexto de entablar un vínculo afectivo, momento en el cual, tras ingerir bebidas preparadas por el propio imputado, perdió el conocimiento y fue víctima de abuso sexual con acceso carnal. Romina reconoció que en su momento el temor, condicionado por la posición económica y los contactos del acusado, le impidió acudir a la justicia, un paso que finalmente dio al visibilizar la causa de otras afectadas.
La investigación deja al descubierto que los hechos denunciados se remontan, en algunos casos, al año 2004, evidenciando un accionar sostenido en el tiempo. Mientras la causa avanza con múltiples expedientes judicializados por abuso y mala praxis, las víctimas reafirman su llamado a otras mujeres que aún transitan el miedo o el silencio para que se animen a denunciar y buscar acompañamiento institucional.




