martes, julio 28, 2026
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Editorial | La postal de un país de rodillas

La imagen de la semana no deja margen para la duda: ¿qué hace la directora del Fondo Monetario Internacional sentada en una reunión del gabinete nacional, pidiéndole explicaciones ministro por ministro sobre cómo cuidan el gasto? ¿Por qué se le da una recepción de jefa de Estado en Vaca Muerta, la joya estratégica y el segundo yacimiento de gas no convencional del planeta?

Lo que vimos durante la visita de Kristalina Georgieva es, ni más ni menos, la postal de un país de rodillas.

Georgieva es la versión amable, la versión con corazoncitos en las manos, de aquella Anne Krueger de los años noventa. Pero el fondo de la cuestión es exacto al de siempre. Apareció junto al presidente, dio conferencias de prensa a la par del ministro y sobrevoló en helicóptero el corazón energético de la Argentina para pasar revista de las tropas. Fue a inventariar el activo más cotizado de la nación, como quien calcula de dónde se va a cobrar la cuenta.

Sin embargo, detrás de la diplomacia y el protocolo, las palabras de la propia Georgieva dejaron entrever una luz de alarma: la sostenibilidad social del modelo. El Fondo sabe que la economía no puede ser un enclave para tres o cuatro sectores ganadores —como la minería, el agro o la energía— mientras el resto de la estructura productiva se derrumba. En la cena con empresarios, las grietas quedaron expuestas. Por un lado, los bendecidos por el esquema; por el otro, los industriales golpeados por un mercado interno en plena depresión.

Pero el problema de fondo sigue intacto: el FMI vuelve a repetir la receta de siempre. Financia la fuga de divisas y la compra de dólares baratos para una minoría acomodada, mientras acumula una deuda insostenible que tarde o temprano pagaremos entre todos. Las cifras no mienten: la salida de divisas vuelve a calzar punto por punto con los desembolsos y el endeudamiento.

Lo más paradójico de este modelo de sumisión es que ni siquiera funciona ante los mercados financieros. El Gobierno exhibe la motosierra, ajusta sobre los jubilados, la obra pública y las personas con discapacidad con tal de mostrar «déficit cero» y prioridad de pago. Pero Wall Street sigue mirando con desconfianza y el riesgo país no cede. ¿Por qué? Porque los grandes fondos saben que la deuda con el FMI es prioritaria y no se toca. Si las cosas salen mal, el recorte será para los demás acreedores. La sobrepresencia del Fondo no genera certidumbre; genera la certeza de un riesgo latente.

Se puede estar de rodillas, pero eso no garantiza el éxito. Se le puede entregar el control del gabinete al acreedor, pero al que se arrodilla, en el tablero internacional, se lo respeta cada vez menos. La visita de Georgieva no fue una muestra de respaldo o fortaleza institucional; fue la exhibición impúdica de la fragilidad argentina.

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