miércoles, septiembre 16, 2026
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Editorial: de un boleto que costó vidas a un boleto que es ley

Hoy se cumplen cincuenta años de la Noche de los Lápices. La madrugada del 16 de septiembre de 1976, la policía bonaerense y el Ejército secuestraron en La Plata a diez estudiantes secundarios de entre dieciséis y dieciocho años. La mayoría militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios y venía de conquistar, apenas un año antes, algo tan concreto como el boleto estudiantil. Seis de esos chicos fueron torturados y asesinados; sus restos todavía no fueron hallados. Cuatro sobrevivieron y, con sus testimonios, permitieron reconstruir lo ocurrido. Desde 2006, cada 16 de septiembre se conmemora por ley el Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios.

Medio siglo después, aquel reclamo por el que se persiguió, torturó y mató a un grupo de adolescentes tiene, en La Rioja, una respuesta que vale la pena recordar hoy. El 5 de marzo de 2020, la Legislatura provincial convirtió en ley, por unanimidad, el Boleto Estudiantil Gratuito para todos los niveles educativos: inicial, primario, secundario, terciario y universitario, además de talleres de oficios y adultos mayores. El proyecto había sido presentado, cuando ambos eran legisladores provinciales, por quienes hoy conducen el Poder Ejecutivo riojano: el gobernador Ricardo Quintela y la vicegobernadora Tere Madera. Lo que en 1976 costó vidas, en la Rioja de hoy es un derecho garantizado que alcanza a decenas de miles de estudiantes.

Mientras la provincia consolidaba el acceso a la educación como política de Estado, desde la Nación se instaló una idea distinta de gobierno: la de un Estado que se corre, que no debe intervenir, que deja a cada familia sola frente al sobreendeudamiento, la morosidad y el ajuste de sus propios ingresos. Es la lógica de que quien no llega es porque no se esforzó lo suficiente, y quien no puede pagar, que se arregle solo.

Frente a esa lógica, la gestión de Ricardo Quintela viene mostrando que es posible otro camino, sin resignar el equilibrio de las cuentas provinciales. El Plan Angelelli —que lleva el nombre del obispo asesinado por la misma dictadura que persiguió a los chicos de los Lápices— avanza en la integración socio-urbana de barrios populares con obras y viviendas. Las tarifas de los servicios esenciales se mantienen entre las más bajas del país, gracias a que la generación y la distribución las gestiona el Estado provincial. Y los Chachos, los bonos que la provincia volvió a poner en circulación este año, funcionan como una herramienta para inyectar liquidez y sostener el consumo en los comercios riojanos, en momentos en que el vecino y el comerciante también sienten la crisis.

Ninguna de estas políticas resuelve todo de un día para el otro. Pero muestran que gestionar con eficiencia y cuidar a los sectores más vulnerables no son caminos opuestos, sino complementarios. Y ese es, quizás, el mensaje más importante para los jóvenes que hoy conmemoran esta fecha: la memoria no es solo recordar a quienes ya no están, sino construir, con políticas concretas, el país por el que ellos lucharon. Cincuenta años después de que reclamar un boleto costara la vida de un grupo de estudiantes, en La Rioja ese mismo boleto es, por ley, un derecho de todos. Ahí está la diferencia entre un Estado que abandona a su suerte a la mayoría y un Estado que elige acompañar, para construir una provincia —y un paísmejor no para unos pocos, sino para todos los que lo habitan.

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