La Argentina vuelve a mostrar dos películas en simultáneo. En una, el gobierno nacional anuncia que los bancos podrán prestar hasta el 15% de los depósitos en dólares a empresas que no generan dólares. La medida, explicada por Luis Caputo, busca —según sus propias palabras— “reactivar” la economía. Y allí aparece una palabra que el oficialismo se resistía a pronunciar: reactivar. Porque para reactivar algo, primero hay que admitir que está frenado, dormido, planchado. Lo saben la construcción, la industria, el comercio y, sobre todo, las familias que llegan a fin de mes con el salario corto y las deudas largas.
El propio relato fiscal empieza a crujir. El Fondo Monetario Internacional, en una nota al pie de su staff report, recuerda que si se contaran como gasto ciertos intereses capitalizados, el supuesto superávit global del 0,2% se convertiría en un déficit cercano al 0,8%. Mientras tanto, cae la recaudación del IVA, del impuesto al cheque y de ingresos brutos en las provincias. La motosierra promete ordenar cuentas, pero cuando enfría la economía, la caja nacional y provincial se achica. Y entonces aparecen los gobernadores, con menos recursos y más demandas: rutas sin mantenimiento, obras detenidas, salarios que no alcanzan y vecinos que golpean puertas municipales buscando lo que el Estado nacional deja de garantizar.
En ese mapa, La Rioja ofrece un contraste elocuente. Hoy comenzaron a circular los bonos “Chachos”, una herramienta que, si se administra con responsabilidad, puede movilizar el consumo local, sostener al comercio de cercanía y darle oxígeno a una economía provincial golpeada. No es gastar por gastar: es evitar que la crisis se vuelva irreversible. A eso se suma la iniciativa impulsada por el gobernador Ricardo Quintela y presentada por la diputada Lourdes Ortiz: un Régimen Provincial de Refinanciación Responsable de Deudas en Mora y Protección frente al Sobreendeudamiento de las Familias.
El proyecto no niega las deudas ni regala nada: obliga a los acreedores a ofrecer planes de 12 a 36 cuotas, con tasa tope y límites a intereses punitorios y cargos administrativos. Busca que el deudor pueda pagar y el acreedor pueda cobrar, suspendiendo temporalmente vías de ejecución dentro de las competencias provinciales. Es una ventana de aire para quienes se endeudaron no por especulación, sino para cubrir necesidades básicas.
Ahí está la diferencia. Mientras la Nación defiende la motosierra como símbolo de época y celebra indicadores financieros que no llegan a la mesa, provincias y municipios quedan obligados a contener a los más desfavorecidos. El ajuste nacional mira planillas; la política provincial mira personas. La Rioja, con los Chachos y con un régimen contra el sobreendeudamiento, elige estar del lado de la familia que trabaja, compra, debe y necesita una oportunidad para volver a empezar. Porque una economía se ordena con cuentas claras, sí, pero también con sensibilidad social. Sin pan, no hay plan que aguante.



