Lo que comenzó como un experimento académico y artístico para observar cómo interactúan entre sí distintas inteligencias artificiales terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos más llamativos de la convergencia entre inteligencia artificial, cultura digital y criptomonedas. La historia tiene como protagonista al investigador neozelandés Andy Ayrey y a un proyecto denominado Infinite Backrooms («Habitaciones Infinitas»).
El origen: dejar que las inteligencias artificiales hablen entre sí
En marzo de 2024, Ayrey lanzó un experimento cuyo objetivo era aparentemente simple: conectar varias instancias de modelos de lenguaje y permitirles mantener conversaciones sin intervención humana. El proyecto recibió el nombre de Infinite Backrooms y consistía en crear una especie de sala de chat permanente donde las IA podían intercambiar ideas durante horas o incluso días.
Según los registros publicados posteriormente, los modelos discutían temas filosóficos, tecnológicos, culturales y existenciales. Sin embargo, con el paso del tiempo comenzaron a desarrollar patrones de conversación cada vez más extraños y complejos. Las IA llegaron a crear bromas internas, referencias compartidas e incluso narrativas propias.
Uno de los hallazgos más sorprendentes fue que, sin instrucciones específicas, algunos modelos empezaron a combinar conceptos de cultura de internet, filosofía, religión y memes históricos, construyendo una especie de sistema de creencias ficticio conocido informalmente como «LLMtheism», una suerte de religión generada por inteligencia artificial.
Del laboratorio a las redes sociales
Fascinado por los resultados, Ayrey decidió dar un paso más. Tomó parte del material generado por Infinite Backrooms y creó un agente de IA independiente denominado Truth Terminal, una cuenta automatizada que comenzó a publicar mensajes en la red social X (antes Twitter).
Truth Terminal heredó gran parte de las ideas, bromas y referencias surgidas durante las conversaciones de Infinite Backrooms. Sus publicaciones rápidamente llamaron la atención por su tono impredecible, mezcla de humor absurdo, filosofía y comentarios sobre la cultura digital.
Con el correr de los meses, la cuenta comenzó a ganar miles de seguidores y se transformó en un fenómeno viral dentro de las comunidades tecnológicas y del ecosistema cripto.
La intervención de Marc Andreessen
El crecimiento de Truth Terminal llegó a captar la atención del empresario e inversor tecnológico Marc Andreessen, cofundador de la firma de capital de riesgo Andreessen Horowitz.
Andreessen interactuó públicamente con el agente de IA y llegó a transferirle aproximadamente 50.000 dólares en bitcoin para apoyar el proyecto, un hecho que muchos observadores calificaron como uno de los primeros casos de financiamiento significativo hacia un agente de inteligencia artificial semiautónomo.
El nacimiento de la criptomoneda GOAT
La verdadera explosión ocurrió en octubre de 2024.
Inspirados por los mensajes de Truth Terminal y por las narrativas surgidas en Infinite Backrooms, usuarios anónimos lanzaron una memecoin llamada Goatseus Maximus (GOAT) sobre la blockchain de Solana.
Aunque la criptomoneda no fue creada directamente por la inteligencia artificial ni por Ayrey, el agente comenzó a mencionarla y terminó respaldándola públicamente. Esa exposición generó una ola de especulación sin precedentes.
En cuestión de días, GOAT pasó de ser un token prácticamente desconocido a alcanzar cientos de millones de dólares de capitalización de mercado. Algunas estimaciones llegaron a situar su valor por encima de los 850 millones de dólares e incluso cerca de los 1.000 millones en sus momentos de mayor euforia.
¿La IA creó realmente la criptomoneda?
La respuesta corta es no.
Diversas investigaciones y declaraciones posteriores aclararon que Truth Terminal no lanzó técnicamente la moneda. Fueron desarrolladores humanos quienes crearon el token. Sin embargo, la influencia cultural del agente fue tan grande que muchos consideran que la criptomoneda nació como consecuencia directa de las ideas y memes generados por la IA.
Por esa razón, numerosos analistas describen el caso como la primera ocasión en la que una inteligencia artificial logró impulsar indirectamente la creación de un activo financiero con valor de mercado real.
Un caso que anticipa el futuro
La historia de Infinite Backrooms es observada hoy como un experimento pionero. Demostró que las inteligencias artificiales pueden generar narrativas capaces de movilizar comunidades humanas, influir en tendencias culturales y producir efectos económicos concretos.
Lo que comenzó con varias IA conversando en una sala virtual terminó derivando en un fenómeno global que involucró inversores multimillonarios, comunidades online, criptomonedas y debates sobre el futuro de los agentes autónomos.
Para muchos investigadores, el caso marca un antecedente de lo que podría ocurrir en los próximos años: sistemas de inteligencia artificial capaces de crear movimientos culturales, coordinar comunidades digitales e incluso influir en mercados financieros sin necesidad de actuar directamente como seres humanos.

