La escritora nigeriana conversó con lectores en un encuentro en España, donde habló de su proceso creativo, de los años en que no pudo escribir ficción, de la imagen de África y del feminismo
La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, autora de Americanah, Medio sol amarillo y Unos cuantos sueños, participó en un encuentro con lectores en España en el que repasó su trayectoria, sus influencias y sus convicciones sobre la literatura, el amor y la justicia entre hombres y mujeres.
«Escribir es un don»
Adichie, que creció en un campus universitario de Nigeria donde su padre era profesor, afirmó que escribir es «un don» que decidió utilizar y lo definió como un regalo de sus antepasados. Contó que su vocación nació a los nueve años, cuando, camino al mercado con su madre, sintió una punzada de melancolía al advertir «cuántas historias» había a su alrededor y comprender que nunca podría contarlas todas.
Reconoció que, a menudo, la respuesta más sincera sobre su proceso de escritura es «no lo sé». Explicó que parte de la magia de la ficción consiste en descubrir lo que pasa a medida que avanza, y que sus personajes suelen hacer algo distinto de lo que había previsto. Aconsejó a quienes quieran escribir ficción escuchar a escondidas las conversaciones ajenas, sobre todo en cafeterías y aeropuertos: «Mi museo es el mundo», dijo.
Doce años sin novela: «Una sequía»
Consultada sobre por qué tardó doce años en publicar una nueva novela tras Americanah, aseguró que no fue una decisión suya. Explicó que atravesó una época de sequía creativa, durante la cual solo pudo escribir no ficción, y que rechaza la expresión «bloqueo del escritor». Según relató, sus dos grandes miedos son perder a las personas que ama y perder la capacidad de escribir ficción. Para intentar recuperarla leyó mucha poesía. «Y entonces un día volvió», resumió.
Identidad, raza y la mirada sobre África
La autora recordó que fue en Estados Unidos donde se descubrió como mujer negra, algo que no ocurría en Nigeria, y relató una anécdota universitaria: un profesor se sorprendió al saber que el mejor ensayo de la clase era suyo. Para ella, la identidad depende en buena medida del lugar en el que se está.
Contó que se fue de Nigeria porque no quería ser médico. «La gente habla de africanos que huyen de la pobreza y las guerras, pero yo huía de la Facultad de Medicina», dijo. Criticó los estereotipos con los que fue recibida en Estados Unidos y defendió que no se puede comprender un país como Nigeria «si solo lo miras a través del prisma de la pobreza». Subrayó que «importa quién cuenta la historia» y abogó por contar la verdad completa, tanto lo positivo como lo negativo. Pidió, además, una «masa crítica» de narradores africanos y un mundo con «multiplicidad de historias».
El amor como eje de su obra
Adichie afirmó que el eje central de su obra es el amor y que no se disculpa por ello: «Creo que el propósito de la vida es el amor», sostuvo. Se declaró escéptica del amor romántico tal como se ha contado a las mujeres, al que, a su juicio, se asocia con el sacrificio, y destacó la amistad y el amor entre madre e hijo. Relató que, en Suecia, un lector le contó que, tras leer Unos cuantos sueños, decidió llamar a su padre después de años sin hablarle.
Cine, moda y literatura
Sobre la adaptación de Medio sol amarillo, dirigida por el fallecido Biyi Bandele, opinó que «estuvo bien para lo que se proponía», aunque defendió la superioridad de los libros frente a las películas y calificó de «atroz» que haya quien espere la serie en lugar de leer la novela. Sostuvo que la literatura obliga al lector a convertirse en otra persona y, con ello, aumenta la empatía.
Elogió también a Nollywood, la industria cinematográfica nigeriana, de la que se dijo orgullosa. En cuanto a la moda, explicó que la ve como una forma de expresión personal y de «nacionalismo», y que la usa para dar visibilidad a diseñadores nigerianos, un interés que atribuyó a la influencia de su madre.
Entre sus personajes femeninos favoritos citó a la sacerdotisa Chielo, de Todo se desmorona, de Chinua Achebe, y mencionó Middlemarch como una novela que ama.
«Todos deberíamos ser feministas»
Adichie explicó que cuando dice que todos deberíamos ser feministas se refiere a mujeres y hombres. Definió el feminismo como «una forma de soñar con un mundo mejor», donde las personas sean verdaderamente iguales, y de llorar lo que se ha perdido por excluir a las mujeres. Señaló que la violencia de hombres contra mujeres y niñas aumenta en el mundo, advirtió sobre el impacto de la maternidad en la carrera laboral y reclamó hablar más de la perimenopausia y la menopausia. Insistió en que los hombres deben formar parte del debate, leer más autoras y escuchar las historias de las mujeres, y alertó de que muchos chicos reciben mensajes sobre lo que ya no deben hacer, pero no sobre lo que sí deben hacer.
Enseñar a escribir
La autora destacó su experiencia como docente en talleres de escritura en Lagos, Abuja y Awka, que creó para que los jóvenes escritores tuvieran la comunidad que a ella le faltó. Aseguró que no sabe si se puede enseñar a escribir, pero sí a leer como escritor, y que cuida la diversidad regional y religiosa de los participantes. Entre los frutos del taller destacó las amistades, las publicaciones y el paso de alumnos por los principales programas de escritura de Estados Unidos.
Un mensaje final
Al despedirse, Adichie pidió a los asistentes que valoren contar y escuchar historias, que sueñen con un mundo justo y pacífico y que piensen cómo «reparar las heridas del pasado», cuyas consecuencias, afirmó, aún viven entre nosotros.



