Mientras Argentina atraviesa una etapa marcada por la apertura económica, el ajuste y la desregulación, en Brasil el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva impulsa un camino muy distinto: planificación estatal, incentivos industriales y exigencias concretas a las empresas privadas. Ese contraste quedó expuesto en un extenso análisis sobre el programa “Nova Indústria Brasil”, la estrategia con la que el gigante sudamericano busca recuperar su capacidad industrial y sostener el crecimiento económico.
La reflexión parte de una comparación inevitable entre ambos países. “Cuando los argentinos nos miramos en el espejo de Brasil, en general nos deprimimos”, plantea el análisis, al remarcar que el crecimiento brasileño de las últimas décadas no fue producto de un “milagro”, sino de políticas sostenidas de desarrollo.
Uno de los factores centrales del resurgimiento económico brasileño fue la decisión de planificar sectores estratégicos. Desde el regreso de Lula al poder en 2023, el gobierno puso en marcha el programa Nova Indústria Brasil, un ambicioso plan de política industrial que apunta a fortalecer áreas consideradas clave para el futuro económico del país.
Las seis “misiones” del plan brasileño
El programa se organiza en seis grandes ejes o “misiones”, entre ellos la modernización de las cadenas agroindustriales, el desarrollo del sector salud, la movilidad urbana y electromovilidad, la transformación digital, la bioeconomía y transición energética, y el fortalecimiento de la industria de defensa.
Brasil logró avanzar en sectores donde históricamente tenía debilidades, como la industria farmacéutica y tecnológica, mientras consolidó otros rubros estratégicos como la producción automotriz y la fabricación de maquinaria agrícola.
También se destaca el desarrollo de la industria aeronáutica brasileña, con producción propia de aviones y tecnología militar, algo que Argentina supo proyectar décadas atrás pero que nunca terminó de consolidar.
La visión de la ministra Ester Dweck
Durante una entrevista realizada en Río de Janeiro, la ministra de Gestión e Innovación en los Servicios Públicos de Brasil, Esther Dweck, explicó que el programa permitió revertir un fuerte proceso de desindustrialización.
La funcionaria aseguró que el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) volvió a financiar inversión productiva, especialmente en sectores industriales y tecnológicos, dejando atrás una etapa enfocada principalmente en actividades primarias y servicios.
“Brasil consiguió acelerar las seis áreas estratégicas”, sostuvo Dweck, al destacar que sectores como salud y automotriz volvieron a crecer gracias a la inversión pública y privada coordinada.
Créditos baratos, pero con exigencias
Uno de los puntos centrales del modelo brasileño es que los incentivos estatales no se entregan sin condiciones. La ministra explicó que las empresas que reciben financiamiento subsidiado deben cumplir contrapartidas vinculadas a innovación, generación de empleo, aumento de producción local y desarrollo tecnológico dentro de Brasil.
Además, el Estado utiliza su poder de compra pública para estimular la producción nacional. En áreas como salud, por ejemplo, se impulsó la nacionalización progresiva de insumos y tecnologías adquiridas por el sector público.
El esquema también incluyó líneas de crédito especiales para innovación con tasas mucho más bajas que las del mercado, buscando fomentar investigación y desarrollo dentro del país.
Reforma tributaria y protección industrial
Otro de los pilares mencionados fue la reciente reforma tributaria impulsada por el gobierno de Lula. Según explicó Dweck, Brasil avanzó hacia un sistema de impuesto al valor agregado para reducir la carga impositiva acumulativa que afectaba especialmente a la industria.
La ministra reconoció que toda política industrial implica costos iniciales, pero defendió la estrategia afirmando que el objetivo es aumentar productividad y competitividad en el mediano plazo.
El caso de los autos chinos
Uno de los ejemplos más citados fue el avance de las automotrices chinas en América Latina. Mientras en Argentina crecieron fuertemente las importaciones de vehículos chinos, Brasil optó por exigir a esas empresas instalar producción local.
Según explicó la funcionaria brasileña, el ingreso al mercado estuvo condicionado a procesos progresivos de fabricación interna y utilización de autopartes producidas en Brasil.
Incluso se exigió adaptar los vehículos al sistema de motores “flex”, preparados para funcionar con etanol, una de las principales fuentes energéticas del país vecino.
Un debate que atraviesa a toda la región
Brasil no es un caso aislado y otros países latinoamericanos también comienzan a discutir estrategias similares frente al avance de China y la competencia global.
La discusión, según se plantea, enfrenta dos modelos: uno basado exclusivamente en la exportación de materias primas y otro orientado a desarrollar industrias con mayor valor agregado, tecnología y empleo calificado.
En ese marco, el caso brasileño aparece como un ejemplo de articulación entre Estado, empresas y planificación económica, en contraposición a las políticas de apertura irrestricta y desregulación que hoy impulsa el gobierno argentino.
Lula y la política industrial como bandera electoral
El fortalecimiento industrial se convirtió también en un activo político para Lula de cara a las elecciones presidenciales de octubre. Más allá de la polarización política con el bolsonarismo, el oficialismo brasileño apuesta a mostrar resultados concretos en materia de empleo, producción y desarrollo tecnológico.
“Planificaron todos los países que lograron desarrollarse”, el crecimiento brasileño actual no puede entenderse sin una estrategia estatal de largo plazo.
