martes, septiembre 29, 2026
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Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia. Prevenir es ampliar oportunidades

Prevenir es ampliar oportunidades

Por la Psicóloga,Lic. Viviana Stirnemann

Cada 26 de septiembre, el Día Mundial de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia nos invita a detenernos, mirar los datos y, sobre todo, mirar a las personas.

En La Rioja tenemos un dato que merece ser reconocido: la tasa de nacidos vivos de madres de entre 10 y 19 años descendió de 33,9 por cada 1.000 mujeres en 2013 a 7,8 por cada 1.000 en 2024. Esta reducción sostenida nos muestra que las políticas de prevención, cuando se sostienen en el tiempo y se articulan entre distintos sectores, pueden transformar realidades concretas.

Los números, por sí solos, no alcanzan.

Detrás de cada estadística hay una adolescente con una historia, una familia, una escuela, un barrio, vínculos y circunstancias particulares. Por eso, celebrar los avances también implica asumir que todavía tenemos desafíos por delante y que no podemos bajar la guardia.

Hablar de prevención es hablar de derechos.

Es garantizar que una adolescente pueda acercarse a un centro de salud y ser escuchada sin prejuicios. Que encuentre información clara, confidencialidad, consejería y acceso oportuno a métodos anticonceptivos.

Que pueda recibir Educación Sexual Integral en la escuela y contar con adultos capaces de acompañarla, respetando su autonomía y sus decisiones.

La prevención comienza mucho antes de un embarazo.

Comienza cuando existen oportunidades para preguntar, cuando hay espacios seguros para hablar de sexualidad, cuando se puede identificar una situación de violencia, cuando una adolescente conoce sus derechos y sabe dónde recurrir. Comienza también cuando una comunidad está preparada para escuchar y acompañar.

Por eso es fundamental ampliar nuestra mirada, especialmente cuando hablamos de embarazos en edades tempranas. No alcanza con preguntarnos qué ocurrió; también debemos preguntarnos qué estaba ocurriendo alrededor de esa niña o adolescente. ¿Pudo acceder a los servicios de salud? ¿Contaba con información? ¿Existían redes de cuidado? ¿Había indicadores de violencia o vulneración de derechos?

Estas preguntas requieren respuestas integrales.

Salud, educación, familias, organismos de protección de derechos y organizaciones comunitarias tenemos una responsabilidad compartida. Ningún sector puede abordar por sí solo las múltiples dimensiones que atraviesan las trayectorias de las adolescencias.

Y hay algo más que considero central: prevenir también es generar oportunidades.

Es trabajar para que cada adolescente pueda permanecer en la escuela, cuidar su salud física y emocional, construir vínculos protectores, desarrollar autonomía y pensar en un futuro posible. Es acompañar sus proyectos de vida y garantizar que puedan tomar decisiones informadas sobre su cuerpo, su salud y su futuro.

Por eso, el descenso de la tasa de embarazo adolescente en nuestra provincia debe ser entendido como un logro colectivo, pero también como una responsabilidad que continúa.

Los avances nos demuestran que las políticas públicas sostenidas pueden cambiar realidades. El desafío ahora es profundizar aquello que funciona, llegar a quienes todavía encuentran barreras y fortalecer cada una de las redes que acompañan a las adolescencias.

Este 26 de septiembre, más que hablar solamente de prevención del embarazo no intencional, propongo que hablemos de prevención desde una perspectiva más amplia: de derechos, de cuidado, de escucha y de oportunidades.

Porque cuando una adolescente tiene información, acceso a la salud, una escuela que la acompaña, adultos que la escuchan y una comunidad que protege sus derechos, también tiene más herramientas para construir su propio camino.

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