Hoy nos toca hablar de una de esas noticias que no sorprenden, pero indudablemente indignan. Debutó la nueva Cámara Federal —con las firmas de los jueces Pablo Bertuzzi y Leopoldo Llorens— y no tardó ni 24 horas en dejar bien claras sus prioridades y su «modus operandi«.
El primer gran fallo de esta conformación resolvió apartar a los querellantes en la causa «Libra», la investigación por presuntas estafas asociadas al entramado financiero y publicitario de plataformas de criptomonedas. ¿Qué significa esto en criollo? Le sacaron el derecho a los abogados de las propias víctimas, a los estafados, para que no puedan acusar directamente al presidente Javier Milei ni al resto de los involucrados.
Dejan la causa en manos exclusivas de una fiscalía encabezada por Eduardo Taiano, un fiscal caracterizado por su parsimonia y pasividad en causas sensibles al poder. Al desplazar a las víctimas, el mensaje es transparente: achicar la presión, manejar los tiempos a gusto y marcar el camino directo hacia el archivo o el sobreseimiento. Un favor político disfrazado de argumento jurídico «absurdo«, sin ningún tipo de sustento ni sentido común.
Pero la cosa no terminó ahí. Como si fuera una liquidación de impunidad, la misma Cámara archivó y sobreseyó a todos los imputados en la causa por el endeudamiento histórico de 45.000 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional asumido durante la gestión de Mauricio Macri. Una causa clave para el patrimonio nacional, cerrada de un plumazo: «acá no pasó nada, sigan circulando».
«acá no pasó nada, sigan circulando»
Estos fallos no son hechos aislados, son el síntoma de una justicia con una vergonzosa doble vara, donde según quién sea el investigado, el código penal se flexibiliza o se aplica con rigor implacable.
Recordemos como antecedente inmediato la actuación del juez Pablo Yadarola —integrante designado de esta misma cámara—, quien antes de dejar su cargo en el fuero Penal Económico, firmó a último momento el archivo de la causa por las valijas de Scatturice. Sin embargo, este mismo poder judicial es el que actúa con velocidad relámpago, prisión preventiva y despliegue mediático cuando los acusados pertenecen a sectores opositores o no gozan del favor de los despachos de turno.
Casos emblemáticos como el viaje a Lago Escondido expusieron con chats y audios de viva voz cómo jueces, fiscales y empresarios coordinaban estrategias para encubrir dádivas y sobreseimientos. ¿Hubo sanciones reales? Ninguna.
La justicia argentina opera como un mostrador de favores: sobresee a los poderosos, margina a las víctimas, cajonea las causas contra los amigos del poder y acelera con furia sobre los enemigos. Mientras la ciudadanía exige reglas parejas y transparencia, la Cámara Federal vuelve a demostrar que en Comodoro Py la balanza está trucada y los fallos ya vienen firmados antes de empezar el juicio.
Y cuando vamos a empezar a levantar la voz exigiendo un cambio ? Es ahora nuestro turno.



