En un reciente intercambio académico, investigadores analizaron las transformaciones culturales en Argentina, el quiebre de las creencias en el Estado y el surgimiento de un escenario marcado por futuros minimalistas y una preocupante apatía política.
La persistente crisis de representación y el rumbo socioeconómico de la Argentina volvieron al centro del debate intelectual. En una nueva edición del ciclo Diálogos en el Depósito, cientistas sociales desmenuzaron las raíces culturales que facilitaron el ascenso de Javier Milei a la presidencia y advirtieron sobre un incipiente cambio de humor social caracterizado por la reducción de las expectativas a futuro y la consolidación de proyectos individuales a corto plazo.
El tránsito del «progresismo» al «mejorismo»
El núcleo del análisis partió de una reconfiguración de los modos de vida que, según los expertos, comenzó a gestarse desde los años noventa en adelante. Este proceso consolidó el fenómeno del «mejorismo»: una corriente cultural que corre en paralelo al progresismo tradicional.
Mientras que el progresismo histórico concebía el avance social como un proceso colectivo e institucional coordinado por el Estado, el «mejorista» asume que el progreso es exclusivamente fruto de su propio esfuerzo personal. Esta mentalidad se agudizó drásticamente a partir de 2011 con la precarización del mercado laboral juvenil, el auge del autoempleo y la explosión de las plataformas de servicios tras la pandemia.
«Milei no instaló algo nuevo; recogió ese larguísimo proceso de individualización y lo reforzó desde el Estado mediante una prédica antiestatal muy fuerte», explicaron durante el diálogo. Sin embargo, el escenario actual muestra fisuras: aunque las condiciones empujan al ciudadano a depender únicamente de su esfuerzo, los niveles de mejora real no aparecen, fragmentando y heterogeneizando a este sector que inicialmente desbordaba optimismo.
Futuros minimalistas y el quiebre del contrato social
Uno de los datos más alarmantes que arrojan los recientes trabajos de campo es el cambio en la percepción del futuro. La palabra «esperanza», que fue el motor principal durante el triunfo electoral de La Libertad Avanza en 2023, ha comenzado a opacarse.
Los investigadores señalan que incluso entre los votantes originales del oficialismo, las perspectivas se han vuelto «minimalistas» y de muy corto plazo. En los sectores populares se observa una ampliación de la «zona de depresión» y una drástica reducción de las expectativas de movilidad social. Por otro lado, en los estratos de mayores ingresos y edad avanzada, predomina el temor y conductas de satisfacción inmediata.
Este desencanto es el síntoma de una «enfermedad autoinmune de la democracia». Se trata de un proceso donde el propio organismo social deja de reconocer como propios los pilares del sistema: el Estado, la representación y la racionalidad. La desconexión es tal que, en entrevistas cualitativas, ciudadanos de diversas franjas dan por hecho que nunca accederán a una jubilación, asumiendo la ruptura total de los contratos de solidaridad intergeneracional que el Estado debió garantizar.
La complicidad de la dirigencia política y el refugio en las redes
La crónica del ascenso de Milei no se explica sin la desconexión de una clase política tradicional que, según el análisis, «vivió cada vez más ajena al destino y las evaluaciones de sus representados». Para los analistas, la saturación de superestructuras burocráticas vacías terminó por agotar la confianza pública por un mecanismo de ensayo y error electoral.
Ante la falta de autocrítica, gran parte de la dirigencia opositora ha optado por tercerizar su responsabilidad recurriendo a explicaciones lineales o teorías conspirativas, como atribuirle un poder omnímodo y manipulador a las redes sociales. Si bien la digitalización ha transformado pautas de consumo y vinculación, los especialistas recordaron que las transformaciones culturales responden a lógicas mucho más profundas e históricas, y que la actual desesperanza social se propaga a pesar del fuerte dominio digital del aparato oficialista.
El malentendido del liderazgo y el escenario post-motosierra
El debate concluyó advirtiendo sobre el «malentendido» intrínseco en la construcción de los liderazgos. Así como en los años ochenta Raúl Alfonsín creía que el respaldo popular se debía estrictamente a su programa de libertades democráticas cuando la sociedad en realidad buscaba protección tras la dictadura, Javier Milei asume de forma equívoca que la ciudadanía se ha convertido masivamente a las ideas de la escuela austríaca de economía.
La realidad que muestran los sondeos es más compleja: amplios sectores que apoyaron al gobierno siguen considerando que el Estado es una herramienta importante que debe defenderse.
La crisis actual de la democracia en Argentina no es una anomalía transitoria de la cual se pueda regresar al punto de partida. El fenómeno se enmarca en una crisis global de compatibilidad entre el capitalismo occidental y los sistemas democráticos. Por lo tanto, cualquier alternativa política futura no solo se enfrentará al desafío de suturar el profundo divorcio entre el Estado y la sociedad, sino también a la compleja tarea de reconstruir la certidumbre sobre una economía estructuralmente fracturada.
