El presidente de Estados Unidos brindó una extensa entrevista al programa 60 Minutes, luego de un episodio de extrema gravedad ocurrido durante una cena oficial en Washington, donde se registraron disparos dentro de un salón con presencia de las máximas autoridades del país.
El mandatario confirmó que se encuentra en buen estado de salud y calificó la situación como “una noche muy difícil”. Según relató, el hecho se produjo alrededor de las 20:30, cuando se encontraba junto a la primera dama en medio de un evento vinculado a la libertad de prensa. En ese momento, se escuchó una fuerte detonación que inicialmente generó confusión, pero que rápidamente fue identificada como un disparo.
De acuerdo con su testimonio, los agentes de seguridad actuaron en cuestión de segundos: evacuaron a funcionarios clave y lo rodearon para retirarlo del lugar. “Me pidieron que me tirara al suelo. Fue entonces cuando entendimos que era una situación grave”, explicó.
El presidente indicó que este sería el tercer intento de atentado en su contra, tras episodios previos en Butler y en un campo de golf en Florida. Aunque evitó confirmar si era el objetivo directo del atacante, vinculó estos hechos con lo que definió como una presidencia “consecuente y activa”. En ese sentido, mencionó antecedentes históricos como los asesinatos de Abraham Lincoln y William McKinley, sugiriendo que los líderes que impulsan cambios profundos suelen ser blanco de ataques.
Respecto al agresor, lo describió como un “individuo perturbado”, señalando que su propia familia había alertado previamente a las autoridades. También se conoció la existencia de un manifiesto con fuertes críticas hacia el gobierno, aunque el mandatario rechazó categóricamente las acusaciones contenidas en ese documento.
En cuanto al operativo de seguridad, el jefe de Estado defendió el accionar del Servicio Secreto y de las fuerzas federales, destacando la rapidez con la que neutralizaron la amenaza. No obstante, admitió que podrían revisarse algunos protocolos, como la ubicación de los controles de acceso en eventos de gran escala.
El episodio reavivó el debate sobre la violencia política en Estados Unidos. Consultado sobre este punto, el presidente sostuvo que se trata de un fenómeno histórico, aunque advirtió sobre el impacto de la radicalización y el rol de internet en la difusión de discursos extremos.
Pese a la gravedad del hecho, subrayó que no hubo víctimas fatales ni heridos de consideración, y destacó un clima de “unidad” que se generó posteriormente entre dirigentes de distintos partidos presentes en el lugar. “Fue sorprendente ver cómo, en medio de todo, había camaradería”, afirmó.
Finalmente, el mandatario adelantó que se evalúan nuevas medidas de seguridad, incluyendo la construcción de un salón con mayores estándares de protección dentro del complejo de la Casa Blanca, con el objetivo de evitar situaciones similares en el futuro.

