El reconocido historiador y escritor israelí Yuval Noah Harari lanzó una de las advertencias más contundentes durante el Foro Económico Mundial de Davos al afirmar que la humanidad enfrenta tres amenazas existenciales capaces de poner en riesgo el futuro de la civilización: la guerra nuclear, el colapso ecológico y la disrupción tecnológica impulsada por la inteligencia artificial (IA).
Durante su exposición titulada “Cómo sobrevivir al siglo XXI”, Harari sostuvo que, aunque los peligros de una guerra atómica y del cambio climático son ampliamente conocidos, el desafío más subestimado es el avance acelerado de la tecnología, especialmente la combinación entre inteligencia artificial, biotecnología y grandes volúmenes de datos.
El riesgo de una nueva desigualdad global
Según el autor de los best sellers Sapiens y Homo Deus, la automatización podría eliminar millones de puestos de trabajo en todo el mundo en las próximas décadas. Aunque surgirán nuevas ocupaciones, advirtió que muchas personas podrían no tener la capacidad o el tiempo suficiente para adaptarse a los constantes cambios del mercado laboral.
Harari planteó que la revolución de la inteligencia artificial no será un único acontecimiento, sino una sucesión continua de transformaciones que obligarán a los trabajadores a reinventarse varias veces a lo largo de sus vidas. Como consecuencia, podría emerger una nueva clase social integrada por personas consideradas “irrelevantes” desde la perspectiva económica y política.
Además, alertó que la IA podría ampliar las brechas entre países desarrollados y naciones emergentes. En su visión, los centros tecnológicos que lideren el desarrollo de estas herramientas concentrarán riqueza y poder, mientras que otros territorios podrían convertirse en simples proveedores de datos para las grandes potencias digitales.
El temor a las “dictaduras digitales”
Otro de los puntos centrales de su discurso fue la creciente capacidad de gobiernos y corporaciones para recopilar información sobre los ciudadanos.
Harari explicó que la combinación de conocimiento biológico, capacidad informática y acceso masivo a datos podría permitir a determinadas organizaciones comprender el comportamiento humano mejor de lo que las personas se entienden a sí mismas. En ese escenario, sostuvo, sería posible predecir decisiones, influir sobre emociones e incluso manipular conductas a gran escala.
El historiador definió a los seres humanos como “animales hackeables”, una expresión que generó gran repercusión internacional y abrió un intenso debate sobre los límites éticos de la tecnología, la privacidad y el control social.
Una advertencia que sigue vigente
Seis años después de aquel discurso, muchas de las preocupaciones planteadas por Harari continúan ocupando el centro de la agenda global. El desarrollo de sistemas avanzados de inteligencia artificial generativa, la automatización de tareas profesionales y los debates sobre regulación tecnológica han intensificado las discusiones sobre el futuro del trabajo y la gobernanza digital.
En recientes intervenciones, el propio Harari ha señalado que la humanidad todavía no comprende plenamente las consecuencias de largo plazo de la IA y cuestionó la falta de preocupación de muchos líderes políticos y empresariales frente a una tecnología que considera una de las más poderosas de la historia.
La cooperación global como única salida
A pesar del tono alarmante de su mensaje, Harari subrayó que el futuro no está predeterminado. Afirmó que las mismas tecnologías que pueden utilizarse para la vigilancia masiva o la concentración de poder también podrían emplearse para mejorar la salud, la educación y la calidad de vida de miles de millones de personas.
Por ello, concluyó que ninguno de los grandes desafíos del siglo XXI puede resolverse desde un solo país y llamó a fortalecer la cooperación internacional para establecer reglas comunes sobre inteligencia artificial, biotecnología y protección de datos. Según su visión, la respuesta que adopte la humanidad en los próximos años determinará si estas herramientas se convierten en una fuerza de progreso o en una amenaza para la democracia y la libertad.

