El turismo argentino atraviesa una de las transformaciones más profundas de las últimas décadas. Desde la llegada del gobierno de Javier Milei en diciembre de 2023, el sector quedó atravesado por un nuevo escenario económico marcado por la apreciación del peso, la caída del poder adquisitivo interno y una fuerte apertura del mercado aerocomercial.
El resultado fue un fenómeno inédito en términos recientes: mientras disminuyó el ingreso de turistas extranjeros al país, crecieron con fuerza los argentinos que eligen viajar al exterior.
Según estadísticas oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos y distintos informes económicos, durante 2025 el turismo receptivo cayó cerca del 20% interanual, mientras el turismo emisivo alcanzó niveles récord. El déficit turístico superó los USD 7.000 millones, reflejando un cambio estructural en la competitividad del país frente a otros destinos regionales.
Durante los años 2022 y 2023, Argentina había logrado posicionarse como un destino “barato” para visitantes extranjeros gracias a la brecha cambiaria y la devaluación del peso. Ciudades como Buenos Aires, Mendoza y Bariloche, además del norte argentino, vivieron un fuerte crecimiento del turismo internacional.
Sin embargo, el nuevo esquema económico modificó completamente esa dinámica. La desaceleración inflacionaria, el ajuste fiscal y el atraso cambiario relativo hicieron que Argentina pasara a ser percibida como un país caro en dólares.
Operadores turísticos comenzaron a advertir que muchos extranjeros hoy comparan precios con destinos como Brasil, Chile, Perú o Colombia, donde los costos resultan más competitivos.
Turismo interno: viajes más cortos y consumo selectivo
El impacto también se sintió en el turismo doméstico. Durante el primer semestre de 2024, la caída del consumo, el aumento de tarifas, el encarecimiento del combustible y la pérdida del poder adquisitivo golpearon directamente al sector.
Muchos argentinos comenzaron a reducir días de estadía, optar por destinos más cercanos o directamente suspender vacaciones.
La recuperación parcial observada entre fines de 2024 y 2025 no fue homogénea. Mientras crecieron los segmentos premium vinculados al vino, experiencias exclusivas y hoteles de alta gama, sufrieron los pequeños alojamientos familiares, la gastronomía media y el turismo social.
El turismo dejó de ser masivo y pasó a concentrarse en nichos de mayor poder adquisitivo.
La Rioja: potencial enorme y problemas históricos
En ese contexto nacional, La Rioja enfrenta un escenario particularmente complejo.
La provincia posee algunos de los mayores atractivos naturales y culturales del país:
- Parque Nacional Talampaya
- Ruta del Adobe
- turismo religioso
- montaña y aventura
- enoturismo
- gastronomía regional
- astroturismo
- y fiestas populares como Fiesta Nacional de La Chaya
Sin embargo, arrastra limitaciones estructurales históricas:
- baja conectividad aérea;
- escasa infraestructura hotelera premium;
- poca promoción internacional;
- fuerte dependencia del turismo interno;
- y marcada estacionalidad.
El modelo económico nacional impactó con fuerza en La Rioja debido a que gran parte de su movimiento turístico depende de la clase media argentina.
Durante 2024, operadores locales reportaron caída de reservas, menor ocupación hotelera y reducción del gasto promedio por visitante. Algunos sectores incluso calificaron la temporada de verano como una de las más débiles de los últimos años.
Aun así, la provincia mostró capacidad de recuperación en eventos puntuales. Durante Semana Santa 2026 se registraron niveles de ocupación superiores al 70%, mientras que La Chaya volvió a consolidarse como uno de los motores turísticos más importantes del calendario riojano.
Talampaya: el gigante turístico aún subexplotado
Uno de los principales debates dentro del sector turístico provincial gira alrededor de Parque Nacional Talampaya, considerado por especialistas como uno de los grandes activos turísticos de Sudamérica.
El parque posee valor paleontológico, arqueológico, geológico y paisajístico de nivel internacional. Sin embargo, la falta de conectividad, inversión privada y promoción global limita su desarrollo.
La comparación con destinos similares de Chile o Perú suele dejar en evidencia el retraso en infraestructura y posicionamiento internacional.
El proyecto de ley impulsado por Gustavo Luna
En este escenario aparece el proyecto de ley provincial impulsado por Gustavo Luna, que busca redefinir la estrategia turística riojana en medio del nuevo contexto económico nacional.
La iniciativa apunta a fortalecer el perfil turístico de la provincia mediante herramientas de promoción, desarrollo de corredores turísticos, incentivos para inversiones privadas y articulación entre cultura, turismo y producción regional.
La propuesta parte de un diagnóstico claro: el turismo riojano ya no puede depender exclusivamente de las temporadas altas o del turismo masivo tradicional.
La estrategia provincial busca orientarse hacia segmentos con mayor valor agregado:
- turismo experiencial;
- naturaleza;
- aventura;
- vino;
- cultura;
- gastronomía;
- y experiencias premium.
En términos económicos, el proyecto intenta responder a uno de los mayores desafíos actuales: cómo sostener actividad turística en un contexto nacional donde viajar dentro del país resulta cada vez más caro para buena parte de la población.
El desafío de la conectividad
Uno de los puntos críticos para el crecimiento riojano continúa siendo la conectividad.
Mientras provincias como Salta, Mendoza o Córdoba consolidaron una fuerte integración al circuito turístico nacional e internacional, La Rioja todavía enfrenta limitaciones en vuelos, infraestructura y posicionamiento de marca.
El sector privado sostiene que sin mejoras concretas en conectividad aérea y rutas turísticas integradas será difícil alcanzar un crecimiento sostenido.
Un nuevo turismo para una nueva etapa
El escenario turístico argentino parece haber cambiado definitivamente.
Con un tipo de cambio apreciado y costos internos elevados, Argentina perdió competitividad como destino barato internacional. Al mismo tiempo, el turismo interno se volvió más selectivo y segmentado.
En ese contexto, provincias como La Rioja enfrentan un desafío decisivo: transformarse en destinos de experiencias diferenciadas y no depender exclusivamente del volumen turístico tradicional.
La Rioja cuenta con ventajas naturales y culturales difíciles de replicar en otras regiones del país. El desafío ahora será convertir ese potencial en una política turística sostenible, competitiva y capaz de atraer inversiones en un mercado cada vez más exigente.
