Desde un profundo corazón dolido
MUNDIAL 2026: ESTA PUTA CÁBALA NO POR FAVOR
Por Escritor anónimo. O sea digamos NN…O sea digamos Juan Pueblo
Estamos a menos de un mes para el reinicio de una esperanza que hermana a toda una Nación. Si tuviésemos que ser bastante simplicistas diríamos que comienza el evento que paraliza a todo el mundo.
Durante todo un mes se hablará de fútbol. Se comerá pelotas. Los televisores tendrán una «única señal». Será un sacrilegio sacar la señal donde se transmitan los partidos, los análisis posteriores, conferencias de prensas, resúmenes y todo el folklore que de ello se desprenda.
Argentina, los argentinos llegamos distintos a este mundial. Es lo lógico. Somos los campeones. Tenemos la última corona y con ello, toda puerta se nos abre automáticamente. Somos los reyes.
Y en cada casa ya comienzan a diagramar cómo se verá cada uno de los cotejos. Hasta ya se hacen las conversaciones sobre las comidas, los tentempié que se podrán degustar y claro está los terceros tiempos tras cada encuentro. Y en esto no hay que ser sexista ni machirulos. Las mujeres opinan, analizan y también generan esas expectativas tan lindas que se producen en cada mundial. Algo hermoso si se permite la opinión.
Y entre tantos preparativos aparecen las famosas cábalas. Hay quienes ya desde antemano te frustran cualquier tipo de juntadas. «Yo a los partidos los miro solos. En mi casa. Así pasó hace cuatro años y mirá los resultados. Obtuvimos la tercera estrella», alguno seguramente argumenta en cada grupete de amistades que pueda tener quien lea este texto.
Y allí me detengo. Y no puedo despegarme de mi propia historia. Todos jugamos nuestro propio partido en Qatar 2022. No era para menos. Tuvieron que pasar 36 años para ver nuevamente a un argentino levantar la Copa Mundial. Y en mi caso todo comenzó con las cábalas, los preparativos, las ganas de juntarse para ver los partidos en el lejano país…y de pronto «el penal en contra» de la vida misma. Un día antes de empezar el mundial, un amigo sufría un siniestro vial que lo llevó a estar en terapia intensiva y unos días después falleció. Exactamente un día después que Argentina clasificara primera en su grupo y alentaba aún más nuestras ansias de salir campeones, mi amigo dejó de luchar su propia batalla y así nunca más lo pude ver.
De modo tal que si de creencias superticiosas tengo que hablar para que Argentina tenga su cuarta estrella, a esta puta cabala no la quiero. Y si por alguna extraña maniobra del destino, del azar o por convicción te llega este mensaje es para decirte que te cuides. Que sea lo que sea que pase, tené en cuenta las normas de tránsito. Sé prudente y protégete. También si tenés alguna molestia en tu organismo acudí al médico (bueeeno quien escribe esto siempre se embola de las esperas médicas).
Es que de nada me sirve tener la camiseta original con la tercera estrellita dorada, si a fin de cuentas en cada resaca que tengo tras una juntada de amigos lo lloro a él. Y hasta inclusive esgrimí algún que otro pseudo ritual visto en películas y libros solamente para poder tener una última charla con él.
Y si para salir bicampeones consecutivos tengo que tener otra ausencia en juntadas, otro lugar vacío en la mesa o un abrazo menos que dar, pues entonces al carajo el Mundial 2026.
Y si te llegó este mensaje…es porque te estimo. Te admiro y quiero que estés bien. Y sí también para decirte que te amo. Aunque no te vea, aunque a lo mejor te haya visto una sola vez en mi vida, te quiero dar ese abrazo. De esos que los pies se nos levantan un poquito del suelo…ese último abrazo que no le di a él.

