El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, abordó sin rodeos su relación con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, defendió la entrega del recientemente creado Premio FIFA por la Paz al mandatario estadounidense y volvió a manifestarse en contra de los boicots y sanciones deportivas, al tiempo que propuso revisar los estatutos del organismo para evitar que los países sean excluidos del fútbol por decisiones de sus líderes políticos.
En una extensa entrevista, Infantino explicó que su vínculo con Trump se remonta al primer mandato del presidente, cuando Estados Unidos, México y Canadá impulsaban su candidatura para organizar el Mundial. “Desde el primer momento lo encontré muy comprometido con ayudar a la FIFA y a hacer crecer el fútbol”, afirmó, aclarando que no mantiene un contacto permanente, aunque sí una relación fluida.
Uno de los ejes más controvertidos fue la decisión de otorgar a Trump el Premio FIFA por la Paz, que a partir de ahora será anual. Infantino sostuvo que la distinción responde al rol que, según él, tuvo el mandatario en la resolución de conflictos y en la promoción de ceses del fuego, particularmente en Gaza. “Si alguien logra salvar vidas, merece respeto. No hay nada más importante que detener las muertes y el sufrimiento”, remarcó, y se mostró convencido de que Trump también recibirá el Premio Nobel de la Paz.
En ese marco, el titular de la FIFA cuestionó la eficacia de las sanciones y boicots deportivos. Aseguró que las prohibiciones, como la impuesta a Rusia, “no han logrado nada” y solo generaron “más frustración y odio, especialmente entre niñas y niños”. Por ello, planteó la necesidad de reabrir el debate sobre la participación de Rusia, al menos en categorías juveniles, y sugirió incluso que la FIFA debería analizar la posibilidad de establecer en sus estatutos que ningún país sea excluido del fútbol por los actos de sus dirigentes políticos.
Infantino también defendió la decisión de no sancionar a Israel y reiteró su postura histórica contra los boicots, incluidos los llamados a boicotear el Mundial que se disputará en Estados Unidos. “El fútbol existe para unir, no para dividir. Nadie propone cortar relaciones comerciales o diplomáticas, ¿por qué hacerlo con el fútbol?”, argumentó.
Consultado por sus polémicas declaraciones pasadas —como el discurso en Qatar en el que dijo “hoy me siento africano, hoy me siento gay”—, aseguró no arrepentirse. “Dije lo que sentía y lo que pensaba. A veces hay que decir las cosas con respeto”, afirmó, y cuestionó lo que considera una mirada “eurocéntrica” que se arroga la verdad frente al resto del mundo.
En relación con el acceso al Mundial y las críticas por el precio de las entradas en Estados Unidos, Infantino sostuvo que habrá tickets desde 60 dólares incluso para la final, aunque reconoció el impacto del sistema de precios dinámicos y de la reventa legal. Recordó que la FIFA recibe cientos de millones de solicitudes y que los ingresos generados por el Mundial se reinvierten en el desarrollo del fútbol a nivel global.
Finalmente, destacó las políticas de inclusión y, en particular, el trabajo realizado con las futbolistas afganas tras el regreso del régimen talibán. Detalló que la FIFA colaboró en la evacuación de cientos de mujeres y niñas, hoy radicadas en distintos países, y en la creación del equipo Afghan Women United, que entrena y compite como símbolo de resistencia y esperanza. “Puede ser una gota en el océano, pero demuestra que con voluntad muchas cosas son posibles”, concluyó.
