
Carlos Cid falleció este sábado en la ciudad de La Rioja y sus restos serán trasladados a Chilecito, donde recibirá el último adiós. Su muerte enluta a la comunidad cultural de la provincia y ocurre pocas semanas después de que el reconocido artista retomara una obra realizada por él hace más de dos décadas en el paredón posterior del Cementerio Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
Aunque había nacido en Salta, Cid llegó a Chilecito junto a su familia cuando tenía apenas cuatro años y fue en esa ciudad donde desarrolló gran parte de su vida artística y docente. Su trayectoria pública comenzó en septiembre de 1958, cuando realizó su primera exposición en el antiguo Club Social, frente a la actual plaza Caudillos Federales. Desde entonces, su vínculo con el arte se extendió durante más de seis décadas.
Su producción quedó profundamente ligada a los paisajes riojanos. La Universidad Nacional de Chilecito lo ubicó dentro del neoimpresionismo, con una técnica caracterizada por el uso del óleo aplicado con espátula sobre cartón. A lo largo de su carrera realizó más de 300 exposiciones individuales y colectivas, y sus obras llegaron a museos e instituciones de Argentina y otros países.
Pero Cid no solo fue pintor. También fue docente, ilustrador y un permanente impulsor de la cultura. Profesor de Ciencias Biológicas, ejerció la docencia durante 34 años. En 2018 fue declarado Ciudadano Ilustre de Chilecito, mientras que en 2014 la Legislatura provincial había declarado de interés sus 55 años de trayectoria artística.
Su último proyecto volvió a unirlo con uno de los espacios más significativos de Chilecito. En agosto pasado comenzó a recuperar los colores originales del mural que había pintado más de 20 años atrás en el cementerio local. La obra había sido inaugurada con la bendición del entonces sacerdote Esteban Inestal y, en esta nueva etapa, Cid contó con el acompañamiento de Lorena Acosta y un grupo de colaboradores.
Durante más de 65 años, pintó incansablemente la belleza de los paisajes riojanos. Con óleo y espátula dejó plasmadas la luz de los cerros, la calma de los caminos, las sombras de los árboles y los colores de una tierra que hizo propia.
Su legado trasciende los cientos de obras y exposiciones. Cid acompañó también la obra de numerosos escritores y dejó una huella profunda en la comunidad que lo reconoció como artista, maestro y hombre comprometido con la cultura.
Con su partida se va una figura fundamental del arte chileciteño, pero permanece aquello que construyó durante toda una vida: una mirada única sobre los paisajes, la identidad y la memoria de Chilecito. Su obra seguirá hablando a través de los colores que dejó sobre esta tierra.




