Nota de investigación
Un debate internacional sobre el contenido audiovisual para bebés reabre una discusión más amplia: cómo el ritmo vertiginoso de las pantallas moldea el comportamiento de niños, niñas y adolescentes. En Argentina, y también en La Rioja, la conversación ya no es solo sobre series infantiles: incluye modas como los «therians» y el «farmeo de aura» que saltaron de TikTok a las plazas.
El caso Cocomelon: la primera señal de alarma
Todo arrancó con una pregunta que hoy se repite en miles de hogares: ¿por qué mi hijo se pone tan nervioso después de ver dibujitos? La revista estadounidense Parents consultó a especialistas en desarrollo infantil sobre Cocomelon, la serie animada más vista del mundo en YouTube, y la respuesta no fue tranquilizadora. Los expertos consultados señalan que el programa cambia de escena cada uno a tres segundos, combina colores saturados y música repetitiva de forma constante, un combo que puede exceder la capacidad sensorial de los niños más pequeños.
Otros especialistas citados por medios especializados, como la psicóloga infantil Jerrica Sannes, van más allá: sostienen que ese nivel de estimulación genera una respuesta de dopamina tan intensa que el cerebro en desarrollo empieza a «esperar» ese mismo nivel de estímulo en otras actividades. La consecuencia que describen numerosos padres alrededor del mundo es siempre la misma: berrinches al apagar la pantalla, dificultad para sostener el juego libre y problemas para conciliar el sueño. No hay consenso total —algunos psicólogos, como Nicole Beurkens, relativizan el riesgo y remarcan que cada chico reacciona distinto—, pero sí hay coincidencia en un punto: la calidad y el ritmo del contenido importan tanto como la cantidad de horas frente a la pantalla.
La secuencia se repite: de la cuna a la adolescencia
Lo que empieza con dibujitos hiperestimulantes en la primera infancia no termina ahí. A medida que los chicos crecen, ese mismo mecanismo de recompensa rápida se traslada a las redes sociales, donde el estímulo ya no dura tres segundos sino fracciones de segundo: un scroll, un video, otro video. Y en ese terreno germinan las modas que hoy preocupan a docentes y familias de todo el continente.
Los «therians». Es la tendencia de jóvenes que se identifican, de manera simbólica o performática, con un animal: usan máscaras, colas, se mueven en cuatro patas y arman «manadas» que se reúnen en espacios públicos. El fenómeno explotó en TikTok, donde la etiqueta #therian ya supera los dos millones de publicaciones, y un dato llama la atención: Argentina lidera el nivel de interacción con este contenido en toda América Latina. En Buenos Aires, encuentros de decenas de adolescentes con máscaras de animales en plazas públicas ya fueron noticia internacional. La psicóloga porteña Débora Pedace, directora del Centro Terapéutico Integral, explicó a la prensa que el fenómeno genera una mezcla de curiosidad, humor y también rechazo social, y que buena parte de sus protagonistas son chicos que buscan pertenencia y aceptación en un grupo. Especialistas consultados por distintos medios coinciden en que, en la mayoría de los casos, no se trata de un cuadro clínico sino de una construcción identitaria adolescente amplificada por el algoritmo, aunque advierten que puede convertirse en una señal de alerta cuando aparece asociada a aislamiento social o baja autoestima.
«Farmear aura». Es la expresión que explotó en las últimas semanas entre chicos y adolescentes, incluidos los argentinos. El término combina la jerga de los videojuegos —»farmear», acumular puntos o recursos repitiendo una acción— con la palabra «aura», usada ahora para nombrar el carisma o el prestigio social que alguien proyecta. Farmear aura es, entonces, hacer poses, gestos o movimientos pensados para «sumar puntos» de admiración frente a otros, algo que ya trascendió las pantallas: en distintas ciudades de América Latina se organizan «batallas de aura» cara a cara, donde dos jóvenes compiten con miradas desafiantes y poses estudiadas ante un público que aplaude o abuchea.
El patrón detrás de ambas modas es el mismo que preocupa a los especialistas que estudian Cocomelon: la repetición infinita de un estímulo breve, validado socialmente en tiempo real por likes, vistas o aplausos, que termina moldeando la forma en que los chicos buscan reconocimiento y construyen su identidad.
Los números en Argentina
El fenómeno no es anecdótico. Según un estudio de UNICEF Argentina realizado en 291 escuelas primarias y secundarias de 20 jurisdicciones del país, el 95% de los chicos y chicas ya tiene celular propio con acceso a Internet, y en promedio lo reciben a los 9,6 años. El 94% mira videos todos los días en plataformas como YouTube o TikTok. Casi la mitad, el 46%, reconoce que siente que pasa demasiado tiempo conectado, algo que —según explicó a la prensa Cora Steinberg, especialista en educación de UNICEF y coautora del informe— repercute en el rendimiento escolar y en la dificultad para desconectarse del celular o los videojuegos. Dos de cada tres adolescentes encuestados, además, dijeron haber visto contenidos sobre cómo bajar de peso, un dato que preocupa por su impacto en la percepción del propio cuerpo.
En la Ciudad de Buenos Aires, una encuesta oficial a familias mostró que el 44% de los chicos usa dispositivos entre dos y cinco horas diarias, y un 23,4% supera las cinco horas por día, con porcentajes aún más altos en el nivel secundario. El 64% de las familias con hijos que superan las dos horas diarias de pantalla considera que ese uso ya es excesivo. Un estudio realizado en Bahía Blanca sobre niños más pequeños encontró un consumo acumulado promedio de cinco horas diarias entre televisión, celular y tablet, y que la mitad de los adolescentes de 11 a 15 años ya tenía red social propia, con una edad promedio de inicio de apenas 12 años.
La Rioja, sin estadísticas propias pero con la misma tendencia
La provincia de La Rioja no cuenta hoy con un relevamiento propio y actualizado sobre horas de pantalla o consumo de redes entre chicos y adolescentes, algo que también es una carencia a nivel de política pública. Sin embargo, un estudio conjunto de la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Nacional de La Rioja sobre autocuidado en adolescentes escolarizados de 15 a 18 años del interior riojano advirtió, ya en 2023, sobre un deterioro general en los indicadores de salud y bienestar de los adolescentes del interior provincial, en sintonía con la alerta que Naciones Unidas hizo a nivel mundial.
La estructura sanitaria provincial, por su parte, sí tiene dispositivos específicos para la atención de estas problemáticas: el Ministerio de Salud Pública de La Rioja cuenta con un dispositivo ambulatorio para niñas, niños y adolescentes de 3 a 14 años en el Centro de Diagnóstico y Evaluación en Salud Mental y Adicciones «San Agustín», además de otros dispositivos territoriales orientados a consumo problemático y salud mental. La ausencia de datos locales específicos sobre uso de pantallas es, en sí misma, una deuda pendiente a la hora de diseñar políticas de prevención adaptadas a la realidad riojana, donde el acceso a Internet móvil y la masividad de TikTok no difieren demasiado del promedio nacional.
Qué dicen los especialistas, en síntesis
- El problema no es el uso de pantallas en sí, sino la combinación de ritmo vertiginoso, repetición y recompensa social inmediata, presente tanto en series como Cocomelon como en las modas virales adolescentes.
- La Sociedad Argentina de Pediatría, junto con entidades internacionales como la Academia Americana de Pediatría, recomienda evitar pantallas antes de los 18 meses, limitarlas al mínimo entre los 18 meses y los 2 años, y priorizar siempre contenido de calidad por sobre la cantidad de horas.
- Fenómenos como los therians o el farmeo de aura no deberían leerse, en la mayoría de los casos, como patologías individuales sino como síntomas de una generación que construye identidad y pertenencia a través de la validación algorítmica constante.
- El acompañamiento familiar, la supervisión activa y el diálogo —más que la prohibición lisa y llana— aparecen en todos los estudios consultados como la herramienta más efectiva.
Fuentes: Parents.com; Findmykids; Goally; ScienceInsights; Infobae (Argentina); LA NACION; Euronews; Gulf News/Reuters; UNICEF Argentina; Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; Revista de la Asociación Médica de Bahía Blanca; Universidad Nacional de Córdoba / Universidad Nacional de La Rioja (Revista Facultad de Ciencias Médicas); Ministerio de Salud Pública de La Rioja.



